8/1/10

Cinco años después… Porque Sueño (II)


Le cojo gusto a leer. Me meto dentro de cualquier libro que cae en mis manos y sólo me retiro de él cuando cae el telón. Un libro es un mundo, un mundo concebido, un mundo con un principio y un fin. Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es una morada. En la casa cuya forma es “camello”, hay un camello. Dentro de la cabaña “oca”, una oca me espera. […] No intento recordar las cosas que ocurren en un libro. Esta mañana, al salir de mi libro, sentía una deliciosa sensación de embriaguez y espacio, una gran impaciencia, un magnífico deseo. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar. Si casi todas las palabras de esta noche han pasado por mis ojos como el agua del mar por los costados de un navío, las pocas palabras que he retenido han grabado en mi espíritu una marca indeleble.

Un regalo inesperado. No sabía que se había traducido L’avalée des avalés (El valle de los avasallados de Réjean Ducharme), el libro amuleto del protagonista de la película Léolo, Léolo Lozone. Estoy nerviosa por comenzarlo y todo… ¿Qué cosas no?

Gracias a Ediciones Doctor Domaverso y a su traductor, Miguel Rei, por la iniciativa.

28/12/09

Mi retórica (II): erotismo y metáfora

El erotismo es al sexo lo que la metáfora al lenguaje. Una invención que amplía su capacidad expresiva, a la vez que la hace más o menos equívoca. Tenemos que tomarnos las metáforas en serio, pero no al pie de la letra. De lo contrario, puesto que los dientes son perlas, las caries las tratarían los joyeros en vez de los dentistas. Las metáforas, como otros juegos del lenguaje, son una sorpresa ingeniosa que interesa, divierte o emociona. Suponen un lujo, es decir, algo innecesario que acaba siendo necesario. Rompe de alguna manera el utilitarismo del lenguaje –transmitir información- para recrearse en el mismo lenguaje, en su belleza, en sus juegos.

José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad.

13/12/09

Ella y Él

Ella le contó que muchas veces creyó que iba a ser alguien, no el alguien que todos somos, sino ALGUIEN, así, en mayúsculas, de estos que siempre quedan en la memoria de los alguienes en minúscula.

-¿Y qué querías ser?- Preguntó Él.

- La verdad, es que viéndolo desde la distancia, no lo sé. Supongo que artista. Me encantaba el teatro y se me daban bien los dos tonos, el dramático y el cómico. Pero ante todo tenía que ser culta, quiero decir… de nivel. No me valía ser una artista de paso, de éxito rotundo pero momentáneo. Yo nunca trabajaría con cualquiera.- Contestó Ella.

-¿Qué te queda de aquel sueño?

-Un pintalabios rojo.- A Ella, por un momento, se le pasó por la cabeza la fecha de caducidad del pintalabios, sabe que lo compró cuando quiso imitar a Camille O’Sullivan y a la cantante negra de The Bellrays.

-Pero por qué creías…- intentó continuar Él, pero Ella se había emocionado con los recuerdos.

-¡Ah! Y escritora, también quería ser escritora. Me imaginaba como Ana María Matute, o Carmen Martín Gaite, incluso como Gloria Fuertes o Gianni Rodari, hasta que descubrí a Galeano y quise ser mundo. Así quería ser yo: ALGUIEN para ser MUNDO.

-…que serías ALGUIEN. ¿Quién te lo hizo pensar?- Acabó la frase Él.

-La felicidad, el talento y la inocencia. Supongo. Bueno… y mi madre.- Tenía clara la respuesta Ella, a pesar del tartamudeo de la última parte.

-¿Qué te queda?

-Una libreta de notas y un blog intermitente.

5/12/09

Volar y Leer

Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo —se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura—leen que se acerca una tempestad. Pero ellos ¿leen acaso? ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas? ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, la tempestad? Ése es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro.

JACQUES LACAN, La función de lo escrito

Cita introductoria del libro El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.


20/11/09

Mi Retórica (I)

Asíndeton, el ritmo de mi tiempo
Abrir, cerrar, ducharse, vestir a medias, desayunar,
vestir a enteras, compartir, partir,
trabajar, hablar y hablar, estudiar, leer, cenar,
conducir, aprender, enseñar, escuchar , seducir…
Anotar.
Notar.

Polisíndeton, el ritmo deseado
Abro y cierro mis sábanas al levantarme, y te miro
una vez más
y después de ducharme y vestirme y desayunarnos, te miro
y sonreímos
una vez más.

Y tengo suficiente por hoy.

27/9/09

Principios no elementales

Leyendo dietarios siempre me pasa lo mismo, me entran unas ganas increíbles de escribir. Entre fragmento y fragmento de pensamientos del autor yo pienso en posibles comienzos de textos reales y ficticios, pero que únicamente se escriben y escriben en mi cabeza. Eso me pasó ayer y hoy todavía estos principios que seguramente no sean, se acumulan; para que no me olviden, como la letra del bolero, voy a apuntarlos:

    1. Mar vivía en una casa junto al mar que el huracán Rita se encargó de destrozar…

    2. Una amiga le dice a la otra: “lo siento mucho pero no te crees”.

    -¿Cómo?-contesta la otra.

    -Sí, ya me has oído que no te crees en absoluto, que no te dejas aparecer, que no te dejas conocer…

    - Pero si soy transparente…

    Una vez en casa, la otra le cuenta al otro su conversación con una amiga y él contesta: “Tiene toda la razón”.

    Desolación de la otra.

    3. Tengo unas fotos curiosas sobre un carrito portalibros de la biblioteca de Cork.

    5. Nunca vi unas manos tan blancas y tan llenas de trabajo; tanto, que se había tatuado en ellas…

Ahora ya puedo volver al sillón a seguir leyendo. Misión casi cumplida.

22/9/09

Un buen polvo, sin duda

Leer a Vila-Matas siempre es un placer, nada más comenzar la lectura del Dietario Voluble me encuentro con este mágico polvo de la simpatía.

Pensando en Madrid, me he quedado imaginando que inventaban el polvo de la simpatía. Lo inventaba a pesar de la ley del tabaco –ese polvo sería como una especie de rapé-, y al principio tenía algo de clandestino. El nuevo invento era capaz de transformar a un país entero. Quien lo probaba, cambiaba inmediatamente de humor y no sólo sonreía, sino que se volvía adorablemente alegre y simpático, relajado, atento a las opiniones distintas del prójimo: elegante, discreto, inteligente, demócrata de verdad.

En un primer momento, el inventor del polvo de la simpatía hacía sus primeras pruebas o experimentos con los taxistas de Madrid y en una semana les cambiaba a todos el castizo y guarro carácter convirtiéndoles en gente que escuchaba, con abierta alegría, música clásica o bien recitales de poesía. Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa, que por arte de polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.

La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.

15/9/09

Piso días, pensamientos, mi sombra... pero encuentro

Busco sin encontrar, escribo a solas
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante.

Octavio Paz, Sunstone

[Fragmento copiado en The Book Upstairs, una pequeña pero repleta librería situada en frente del Trinity College, bajo la atenta y curiosa mirada de la dependienta]

1/9/09

Suspense en la piscina

Este verano en una piscina, dos misteriosas indicaciones gráficas nos inquietaban, nos siguen en sueños, vuelven los recuerdos, las ambigüedades interpretativas nos embargan (probamos a estar 23 horas en silencio, por ver si teníamos la clave de la segunda imagen, pero... ¡HORROR! no dio resultado). ¡Qué nos querrían decir? ¿Necesitamos a un experto? ¿Añoramos tanto la piscina por el efecto visual de estas señales? Misterios sin resolver…


15/7/09

Esto no es un texto triste


Se supone que estamos anclados a un lugar y que a lo largo de nuestras vidas debemos de estar ligados a él para allí morirnos felices. Ese lugar precioso y nostálgico al que te gustaría pertenecer siempre, puede que más allá del horizonte en la ladera de un monte para tener buena vista, pero yo no lo tengo.

Sólo una vez lo elegí. Teníamos una casa en la playa que el cemento se encargó de derribar porque deslucía el paisaje de hoteles y restaurantes, la convirtieron en un aparcamiento. Viví cinco años allí, uno de mis paseos favoritos era ir hasta la escollera, para nosotros las rocas, y sentarme en la curva a leer o a pensar o a simplemente notar el sol o a observar a los gatos que por allí vivían, que eran muchos y habían hecho colla. Hoy todo ese lugar es un bloque de cemento inaccesible a los caminantes y lleno de barcos y máquinas. No me sirve.

Ahora pienso y pienso y no lo tengo, me da un poco de rabia pero en ninguno el corazón me late. Quizá es que a mí lo que me ha tocado, como a Cortázar, es un sillón para morirse. Ese sí lo tengo, con mantita y todo (¡cómo adoro esa mantita!); aunque claro, que no me quemen y esparzan mis cenizas en él por favor.

11/6/09

Yo soy libre, como el mar...

19/5/09

Inventario

Podría escribir de muchas cosas: me he leído un montón de libros, todos me han gustado y ello incluye Stig Larsson, aunque en mi conciencia una vocecilla me canturreara en tono de Chincha chincha: Te estás enganchando, te está gustando y yo, ¡No, no puede ser!, si cumple todos los requisitos para que no me guste: comercial, bestseller, policiaca, le encanta a mi hermano H., a mi cuñada R.…(Mare meua què m’està passant?). Menos mal que llega Rushdie y me cuenta en sus Hijos de la medianoche, Las mil y una noches de la India y me cuenta los Cien Años de Soledad de la India y me reconcilio conmigo misma y amo la literatura. Y llega Ò. y me enseña que es Precisament així donde Kipling construye el mundo en unos cuentos de la selva que nos recuerdan a un Gianni Rodari angloindio y el “Érase una vez…” se convierte en un “Temps era temps, fillet meu del meu cor, hi havia…” igual de entrañable y soñador. Y P. me habla de poetas y leo poesía y…

Podría escribir de muchas cosas, hasta los versos más tristes esta noche o un INVENTARIO de lecturas o de vida; pero para escribir sobre tu muerte Mario, mejor me callo. Hoy no me apetece, seguro que ni mañana ni mañana pasado que diría la Bertita, a la que un día leeré tu Táctica y estrategia para que conquiste el mundo, para que entienda el mundo, para que ame al mundo, para que crezca.