Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las mayores corrientes, sin embargo eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (en nuestra lengua, claro está; en el mundo ancho y ajeno el paradigma seguía siendo Verlaine el Generoso). Una loca, según Padilla, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente. Los poetas tipo Blas de Otero eran, por regla general, bujarrones, mientras que los poetas tipo Gil de Biedma eran, salvo el propio Gil de Biedma, mitad ninfos y mitad maricas. La poesía española de los últimos años, exceptuando, si bien con reticencias, al ya nombrado Gil de Biedma y probablemente a Carlos Edmundo de Ory, carecía de poetas maricones hasta la llegada del Gran Maricón Sufriente, el poeta preferido de Padilla, Leopoldo María Panero. Panero, no obstante, había que reconocerlo, tenía unos ramalazos de loca bipolar que lo hacían poco estable, clasificable, fiable. De los compañeros de Panero un caso curioso era Gimferrer, que tenía vocación de marica, imaginación de maricón y gusto de ninfo. El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la Palabra. Los mariquitas, según Padilla, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban -aunque no siempre- los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucede es que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimode, el trío de la muerte. De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores, en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta Sophie Podolski, cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, grandes directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa, en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón. ¿Quién?, te preguntarás. ¿Maiakosvski? No. ¿Yesenin? Tampoco. ¿Pasternak, Block, Mandelstam, Ajmátova? Menos. Sólo uno, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Jlébnikov. Y, en Hispanoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque éste tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rohka (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora, y junto con Lezama todos los maricas y mariquitas de la Revolución Cubana salvo Rogelio Nogueras, que era una ninfa con espíritu de maricón, para no mencionar sino de pasada a los poetas de la Revolución Sandinista: mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos tipo Ernesto Cardenal. Maricas son también los contemporáneos de México (¡no, gritó Amalfitano, Gilberto Owen no!), de hecho "Muerte sin fin" es, junto con la poesía de Paz, la Marsellesa de los nerviosísimos poetas mexicanos. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Pellicer, mariposa, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa. Y volvamos a España, volvamos al origen: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Ya está todo dicho. Y ahora para saciar tu curiosidad, algunas diferencias entre maricas y maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y los fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus chulos. Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una polla removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que odian y aman con toda su alma) descubren, en sus ojos hundidos, la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada. Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricones y maricas sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.
-Te faltó la categoría de de los simios parlantes -dijo Amalfitano cuando por fin Padilla se calló.
-Ah, los simios parlantes -dijo Padilla-, los monos maricones de Madagascar que no hablan para no trabajar.
25/8/14
Teoría de la literatura
6/12/12
Ahora yo también soy una persona despreciable
A comme argentHe aprendido a respetar solamente el dineroLas personas no me parecen respetablesestas cosas se aprenden llorando.Si en tres años acumulas decepciones suficientespara levantar una montaña inmensa de mierdaempiezas a desconfiar por fuerza de la idea de humanidadte separas por fuerza de la idea de humanidadte decepciona por fuerza la idea de humanidad.A veces basta una sola humillaciónuna sola ofensaun solo cruce con la persona equivocadapara cambiar para siempre tu idea de humanidad.Prefiero intercambiar un par de frases cortascon los vendedores chinosson amables a cambio del precio de los productoses la única amabilidad en la que confíola amabilidad entre el vendedor y el comprador.Entrar en un comercio chino y preguntar:¿queda pan?Sí¿cuánto es?Sesenta céntimosCoger mi barra de pan y largarmesin concederle tiempo al conocimientosin darle una oportunidad a la decepción mutua ni a la humillación mutua. […]Y tú dirás, “pero hay que respetar al ser humano” “existen las excepciones” “ejemplos de grandeza humana, joder, ejemplos de grandeza humana”Y yo te digo,a ti, Mister Happy-Hippy,te digo,o es que eres imbécilo es que no has llorado todavía lo suficiente.Si dices esa estupidez es que no has llorado todavía lo suficiente.Aunque tú pienses que has llorado muchono has llorado todavía lo suficienteno has acumulado decepciones suficientespara levantar una montaña inmensa de mierda.No te han jodido la vida lo suficiente.Métete tus buenas intenciones por el culo.Métete tu falso amor al prójimo por el culo.Métete tu buen rollito de pequeño-intelectual-burgués-europeo-responsable dedicado a la cultura por el mismísimo culo.Si hubieras llorado lo suficiente comprenderías que la persona que te vende el pan cada mañana sólo puede ser una persona despreciable.Incluso recién nacidos estamos sucioscuando hayas llorado lo suficiente vuelve por aquí.Uno se convierte en una persona despreciable a fuerza de conocer gente despreciableahora yo también soy una persona despreciablela más despreciableY espero respetar el dinero lo suficiente para alejarme definitivamente de todos, o para que todos se alejen de mí.Si para quedarme sola tuviera que insultar a mi propio hijo lo insultaría.Hasta aquí hemos llegado.Y te aseguro que es necesario haber amado mucho, haber confiado mucho, y haber llorado mucho para llegar hasta aquí.
2/9/12
Todo el tiempo del mundo
[Como ya sabéis algunos, voy apuntando las lecturas, el cine, el teatro y los conciertos en el lateral del blog. Por si os puede servir de guía, o de desguía]
1/8/11
Literatura salvaje
23/4/11
12/12/10
Don Quijote Digital
En mi opinión, es el mejor trabajo de estas características que he visto.
28/12/09
Mi retórica (II): erotismo y metáfora
El erotismo es al sexo lo que la metáfora al lenguaje. Una invención que amplía su capacidad expresiva, a la vez que la hace más o menos equívoca. Tenemos que tomarnos las metáforas en serio, pero no al pie de la letra. De lo contrario, puesto que los dientes son perlas, las caries las tratarían los joyeros en vez de los dentistas. Las metáforas, como otros juegos del lenguaje, son una sorpresa ingeniosa que interesa, divierte o emociona. Suponen un lujo, es decir, algo innecesario que acaba siendo necesario. Rompe de alguna manera el utilitarismo del lenguaje –transmitir información- para recrearse en el mismo lenguaje, en su belleza, en sus juegos.
José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad.
5/12/09
Volar y Leer
Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo —se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura—leen que se acerca una tempestad. Pero ellos ¿leen acaso? ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas? ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, la tempestad? Ése es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro.
JACQUES LACAN, La función de lo escrito
Cita introductoria del libro El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.
22/9/09
Un buen polvo, sin duda
Leer a Vila-Matas siempre es un placer, nada más comenzar la lectura del Dietario Voluble me encuentro con este mágico polvo de la simpatía.
Pensando en Madrid, me he quedado imaginando que inventaban el polvo de la simpatía. Lo inventaba a pesar de la ley del tabaco –ese polvo sería como una especie de rapé-, y al principio tenía algo de clandestino. El nuevo invento era capaz de transformar a un país entero. Quien lo probaba, cambiaba inmediatamente de humor y no sólo sonreía, sino que se volvía adorablemente alegre y simpático, relajado, atento a las opiniones distintas del prójimo: elegante, discreto, inteligente, demócrata de verdad.
En un primer momento, el inventor del polvo de la simpatía hacía sus primeras pruebas o experimentos con los taxistas de Madrid y en una semana les cambiaba a todos el castizo y guarro carácter convirtiéndoles en gente que escuchaba, con abierta alegría, música clásica o bien recitales de poesía. Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa, que por arte de polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.
La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.
28/2/09
Confesión
Ahora, el tiempo (que ya ha dejado de hacerme ningún servicio) se va escurriendo. Pronto haré treinta y cuatro años. Quizá. Si lo permite este cuerpo mío que se hace trizas. pero no tengo ninguna esperanza de salvar la vida, ni puedo siquiera fiarme de tener mil y una noches. He de trabajar deprisa, más deprisa que Sheherazade, si al final quiero dar a entender -sí, dar a entender- alguna cosa. Lo reconozco: por encima de todo, me da miedo la absurdidad.
21/2/09
Mucho ruido y pocas nueces
Hace unos meses estuve en un curso de formación de profesores que trataba sobre la integración de la lectura y la escritura en la práctica docente. De entre las ideas interesantes que se comentaron en las charlas, sobre una llevo pensando ya tiempo; fue Gemma Lluch quien la lanzó y se me quedó clavada por lo evidente que parecía. Decía Gemma que los planes de fomento de la lectura normalmente eran un fracaso y así lo representan las estadísticas; unas estadísticas, por otra parte, infladas de lecturas que realmente no se producen.
Los planes de lectura sirven para dar importancia social a la lectura, innecesaria por evidente. Todos sabemos lo bien que queda en las reuniones hablar de libros, cualquiera se apresura a hacer ver al resto lo que le ha parecido tal o cual libro, incluso se interviene en la conversación para añadir aunque yo no lo he leído el vecino mío del quinto sé que lo está leyendo porque el otro día lo vi en el ascensor con él y parecía muy interesado por su lectura. ¿Estoy exagerando?
¿Quién no reconoce hoy los beneficios de la lectura? Nos hemos encargado siempre de proclamarlo, pero lo que yo nunca había oído en voz alta y con números en la mano es que esto no ha servido de mucho.
Otra curiosidad del curso fue comprobar una vez más lo poco que lee el profesorado (eso que allí casi todos éramos docentes relacionados con las áreas lingüísticas) y cuánto nos gusta echarle en cara a nuestros alumnos lo inteligentes que serían si lo hicieran (leer nos ayuda a entender el mundo hemos aprendido a decir todos). También había opiniones para todos los gustos: una de mis compañeras se cuestionaba la validez de proponer lecturas en la programación de la materia, porque ya estaba aburrida de tanta apatía por parte de los alumnos; tú trabajas para nada, comentaba desalentada.
Me estoy poniendo borde, lo siento. He de decir, verdaderamente, que en las propuestas sobre planes de lecturas en los centros que presentamos, destacaban las buenas ideas, hasta el punto que un señor que había sido maestro toda su vida pero que llevaba quince años sin ejercer comentó irónico: os estaba escuchando y pensaba, si esto fuera verdad, hubiera acabado el fracaso escolar hace tiempo.
Ahí queda eso…
2/5/08
Valencia 26/04/2008
Un año más paseo por la Feria del Libro de esta ciudad, un paseo en el que sé que no me esperan sorpresas. No obstante también sé, mientras esperamos tomando un café en una terraza sintiendo como una fresca brisa puede con el sol de justicia (es curioso ahora siempre usamos ese apelativo para el sol fuerte y que quema, ¡pobre sol!), que no voy a tardar nada en revisar mentalmente los nombres de las librerías que puedan hacerlo y ya me veo rebuscando nerviosa entre sus libros mi regalo para esa tarde, como hace un año.
La alegría me la llevo al saber que Galeano estrena libro (los que me conocéis ya sabéis la debilidad que siento por este hombre, dejo desde el principio pinceladas de sus textos en este blog): Espejos. Una historia casi universal.
Un aperitivo:
De deseo somos
La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.
La siguiente adquisición (ya podréis imaginar que el primero lo compré) fue un clásico del que había oído hablar y que me atrajo siempre pero con el que nunca me encontré, La mujer rota de Simone de Beauvoir. Abro al azar o incluso abro el azar y me atropella esta frase:
El tiempo me queda un poco holgado de hombros, pero me las arreglo.
Este tiempo es el que me ha de dejar hablaos de estos libros más detenidamente, de momento a mí, se me ajusta un poco.
6/2/08
El cuaderno dorado (II): La forma, el fondo y las palabras
El cuaderno azul
Lo pensé y respodí:
-Es una cuestión de forma.
-¿De forma? ¿Y qué hay de vuestro tan cacareado contenido? Yo había entendido que la gente como vosotros se empeña en separar la forma del contenido.
-Mi gente puede que lo separe, pero yo no. […] Es más, afirmo que todo es una cuestión de forma. A la gente no le importan los mensajes inmorales. No le importa el arte que le diga que el asesinato es bueno, que la crueldad es buena, que el sexo por el sexo es bueno. Le gusta, en todo caso, a condición de que el mensaje esté debidamente disfrazado. Los mensajes que gustan a los lectores son aquellos que dicen que el asesinato es malo, que la crueldad es mala y que el amor es el amor que es amor. Lo que no pueden sufrir es que les digan que nada importa nada; no pueden soportar la falta de forma… […] No creo que algunos libros sean solamente para una minoría. Ya sabe que no lo creo, puesto que no tengo una idea aristocrática del arte.
-Mi querida Anna, la actitud de usted hacia el arte es tan aristocrática que cuando escribe, cuando llega a escribir, lo hace sólo para usted.
-Igual que todos los demás… […] Los demás, todo el mundo; los que escriben libros en secreto, porque tiene miedo de lo que piensan.
-¿Así que usted tiene miedo de lo que piensa? –Y tomó la agenda para anotar que la sesión había terminado.
******************
Cada vez tengo más vértigo al hecho de que las palabras no signifiquen nada, porque la realidad es que las palabras no significan nada, pues se han convertido, cuando lo pienso, no en la forma dentro de la que se moldea la experiencia, sino en una serie de sonidos desprovistos de sentido (como el habla de los niños) y al margen de la experiencia. O como la banda sonora de un filme que haya resbalado y perdido la conexión con la película. Cuando pienso, basta que haya escrito una frase como “fui calle abajo” o que haya tomado una frase de un periódico como “medidas económicas que consiguieron el pleno rendimiento de…”, para que de inmediato las palabras se disuelvan y la mente comience a generar imágenes que no tienen nada que ver con las palabras, de modo que cada palabra que veo u oigo es como una pequeña balsa flotando sobre un enorme mar de imágenes. Por esto ya no puedo escribir, a no ser que lo haga deprisa, sin volverme a mirar lo que he escrito, porque si lo miro, las palabras se ponen a nadar y no tienen ningún sentido, y tan sólo consigo ser consciente de mí, Anna, como un pulso dentro de una gran oscuridad. Así, pues, las palabras que yo, Anna, escribo sobre el papel, no son nada o son como las secreciones de la oruga, que salen en forma de filamento y se endurecen al contacto con el aire.
31/1/08
El Cuaderno Dorado (I): Escribir un diario

Prefacio (1971)
A través de los diarios, la gente ha polemizado, teorizado, dogmatizado, etiquetado y clasificado, a veces con palabras tan generales y representativas de la época, que resultan anónimas. Podéis ponerles nombres a la usanza de las viejas comedias morales: el señor Dogma y el señor Soy-libre-porque-no-pertenezco-a-ninguna-parte, la señorita Necesito-amor-y-felicidad y la señora Cuanto-haga-debo-hacerlo-bien, el señor ¿Dónde-hay-una-mujer-auténtica? y la señorita ¿Dónde-hay-un-hombre-real?, el señor Estoy-loco-porque-dicen-que-lo-estoy y la señorita La-vida-es-experimentarlo-todo, el señor Hago-la-revolución-luego-existo y el señor y la señora Si-resolvemos-perfectamente-este-pequeño-problema-entonces-seguramente-podremos-olvidar-
que-debemos-fijarnos-en-los-grandes. Pero todos ellos se han reflejado también los unos en los otros; tienen aspectos comunes, dan nacimiento a los pensamientos y a la conducta de unos y de otros… Son cada uno de ellos, forman totalidades.
El cuaderno azul
A la vez, me preocupa este asunto de tener que fijarme en todo para escribirlo después, especialmente por lo que respecta a la regla. Porque, en cuanto a mí, el hecho de tener la regla no es más que entrar en un determinado estado emocional, que se repite con regularidad y que no tiene ninguna importancia. Pero sé, al escribir la palabra “sangre”, que adquirirá un sentido inadecuado, incluso para mí, cuando relea lo que he escrito. Y, por lo tanto, empiezo a tener dudas sobre el valor de anotar un día entero, antes de haber empezado a anotarlo. En realidad, estoy tocando un punto importante del estilo literario, una cuestión de tacto. Por ejemplo, cuando James Joyce describe a su personaje durante el acto de defecar, leerlo fue un choque, algo chocante de verdad. A pesar de que su intención era desnudar las palabras, para que no chocara. Y hace poco he leído en un comentario que un hombre decía que le repugnaba la descripción de una mujer defecando. Me molestó. La razón, naturalmente, era que el hombre no quería que le destruyeran su idea romántica de la mujer, que se la hicieran menos romántica.
[Mis notas sobre Doris Lessing: Ordenar el desencís, Motle, El comentario apropiado]
29/1/08
Esto, ¿qué éj lo que éj?
Leo y veo en el blog Àmbit lingüístic este vídeo presentado como Gutemberg vs Internet en un curso de TIC para el profesorado, supongo que para empezar de forma amena a perder el miedo a las nuevas tecnologías, a las que en ocasiones son tan reticentes algunos profesionales de este gremio.
8/1/08
2007: Cerrado por inventario
Siempre me gustó esta palabra inventario, prima hermana de invención, que vive al lado de la creación que contiene, y volvemos de nuevo, el siguiente inventario. Estambul regalo hermano de recuerdos próximos, Pepita Jiménez con la clase atenta, Nunca seré tu héroe con adolescentes recién iniciados y caras granuladas, El capitán Alatriste, "habla raro" me decían; Antología de la poesía española del siglo XX y el recital; El joc.com, madre mía Gemma! Te has lucido; Historia de la literatura portátil para huir de los petardos; El diario azul de Carlota, la otra Gemma. Fantástico Un home de paraula; singular y sentido Quina lenta agonia de les ametlers perduts, para acabar en la Feria del Libro o en Ninguna parte. El calor y la tristeza vienen con Rosas negras al Kosovo y los Ángeles en tiempos de lluvia; luego es necesario leer Limpieza de Sangre para aprobar la asignatura, al que le sigue Un largo silencio y El diario de Anna Frank. Leo Amsterdam tras el viaje a Ámsterdam y me decepciona pensar en La possibilitat d’una illa. Amor, mi señor me sorprende y pienso en El niño del pijama a rayas, aunque pronto me quedo con Soledades de Ana y me pregunto por qué les habrá gustado tanto. Tanto o más que El futbol a sol y a sombra, pero aquí se entiende, es el poder de Galeano. Me adentro en El carreró dels miracles, para pasar a ser La dona justa y quedarme tumbada en el sillón con un Solo de amor, que me lleva sin remedio a Anatomia de la por. Y es que da miedo el amor y da miedo el miedo. El calor de Italia me lo da Pavese y sus Poesías completas, pero el otoño llega con Suite francesa; aunque la solución para solucionar el color, el olor, el viento y la magia, sobre todo esta última, es gracias a El cinqué en joc. He de comenzar de nuevo el estudio y busco algo motivador, que me abra un apetito dormido que consigo despertar con los Retratos Literarios de Laura Freixas. P. me pone delante un libro, "l’has de llegir, t’agradarà" y le hago caso, sé que sus posibilidades de error son pocas en este sentido, así leo Excelsius o el temps escrit... más más quiero más, le pido y le robo L’home manuscrit, pero otras cartas no esperan y esta es la Carta d’una desconeguda que me deja con La pell freda, porque según Magris Vosté ja ho entendrà, y para entenderlo mejor, o al menos eso pensaba, me acerqué a conocer a La buena terrorista. ¿Por qué leer los clásicos? me han preguntado tantas veces, porque lo clásico nos persigue hoy y para muestra un botón, El llibre dels plaers inmensos… Otra vez la obligación, ahora qué, ahora De postguerra, pero después de venir de París no puedo pasar sin pensar que París no se acaba nunca, mas sí mi viaje y hay que trabajar. Proses de Eiximenis me traslada a un tiempo desconocido donde me saluda un caballero que se presenta como Jo sóc aquest que em dic Ausiàs March. Mientras, triste sin los tres tigres se queda temblando Tristram Shandy, desde el nacimiento su destino es el azar y este dicta que mejor para el próximo año, es la cuenta pendiente.
NOTA: Idea atrapada de Cristina, donde deja constancia increíble (101 libros leídos) de sus compañeros de soledad y placer en el 2007.
6/11/07
El Comentario Apropiado
- He aquí que unos padres se acercan a la famosa escritora después de una conferencia y le dicen, muy preocupados, que su hijo no lee. Ella les pregunta: “Y vosotros, ¿qué leéis?”, ellos bajan la cabeza y responden que no. Y la mujer concluye: “¿Entonces? Cómo queréis que vuestro hijo lea si vosotros no leéis?” Pero mirad que, a continuación, se le acercan otros padres también muy preocupados porque su hijo no lee. “Y vosotros, ¿qué leéis?”, les pide también ella. “Sí, sí, muchísimo”, responden ellos con el orgullo que supone. Y la escritora les contesta:”¿Entonces? ¿Cómo queréis que vuestro hijo lea si vosotros leéis?”.
Curiosamente durante estos días, leyendo La Buena Terrorista, de Doris Lessing, me encuentro con el siguiente fragmento que bien podría ilustrar esta situación:

- Dejó a Philip y se fue a la sala, donde encontró a Pat […] Estaba leyendo. Una novela. De un ruso. Alice conocía el nombre del autor como conocía todos los nombres de autores, es decir, como objetos dispuestos sobre una estantería, redondos, duros y refulgentes, dotados de vida y luz propias. Como canicas, que por mucho que una las hiciera girar entre los dedos jamás cederían, no revelarían sus secretos, no se doblegarían.
Alice nunca leía nada, aparte de periódicos. De niña le tomaban el pelo: Alice tiene un bloqueo contra los libros. Aprendió a leer tarde, un hecho que no podía pasar inadvertido en esa casa de devoradores de libros. Sus padres, sobre todo su madre, lo había leído todo. Nunca paraban de leer. Los libros entraban y salían en avalancha de la casa. “Crían en las estanterías”, solían bromear alegremente sus padres y luego también su hermano. Pero Alice cultivaba su bloqueo. Ése era un mundo en el que podía escoger no entrar. Era posible negarse educadamente. Persistió, educada pero firmemente, en su actitud, poniendo secretamente a prueba su capacidad de inquietar a sus padres. “No le veo el sentido a tanta lectura”, decía; y continuó diciéndolo, incluso en la universidad, donde estudió política y economía, sobre todo porque los libros que tendría que leer no poseían la inaccesible cualidad burlona de esos otros. “Sólo me interesan los hechos”, solía decir en esa época en que no tuvo escapatoria: era preciso leer un mínimo de libros.
Pero más adelante descubrió que no podía decir eso. En las casas ocupadas y comunas había siempre todo tipo de libros. Alice solía preguntarse cómo era posible que un camarada con una visión adecuada, clara y correcta de la vida estuviera dispuesto a ponerla en peligro leyendo todas esas cosas equívocas y peligrosas a las que ella se asomaba breve, presurosamente, a veces, para luego retroceder como si se hubiera escaldado. Incluso había llegado a leer secretamente hasta el final una novela recomendada como un útil instrumento en la lucha, pero había tenido la misma sensación que de niña: si continuaba por ese camino, permitiendo que un libro le llevara a otro podría encontrarse perdida y sin mapas.
Pero sabía hacer el comentario apropiado. Ahora dijo, a propósito del libro que estaba leyendo Pat:
-Es un gran autor humanista.
-¿Nabokov, humanista?- preguntó Pat, y Alice advirtió un grave peligro de lo que más la horrorizaba en el mundo: una conversación sobre literatura.
- Bueno, yo así lo creo […] Muestra verdadero interés por las personas.
Alguien, algún camarada, en algún momento, en una de las casas ocupadas, había comentado en broma: “En la duda, clasifícalos como humanistas”
18/10/07
Puede que sea jueves... lluvioso
En el poema original se habla de un viernes, pero puede que hoy sea jueves y lluvioso. Por ello...
He Decidido
He decidido inundar las calles
con tu nombre como consigna.
He de aprender de memoria
que hoy es jueves
y siempre será un jueves lluvioso
en el cabello sumiso de las sombrillas.
He decidido ser tu traje
llenando de fosforescencias verdes
todas las esquinas.
He creído en el sabor azul del aire,
que me flota entre los pulmones
como una catástrofe
de moléculas extrañas,
descargándome rasguños
de tu olor
entre la carne.
He dedidido correr
a alas abiertas por la avenida
con tu nombre fuera de los dientes,
con una camisa blanca y larga,
y única
y primera,
hasta dejar el eco de mis pies
rodando por el pavimento,
He decidido ser tu paloma loca
y mojada
incendiando la ciudad esta tarde.
Ana Istarú. La estación de fiebre y otros amaneceres
8/5/07
Ninguna Parte
Siempre he pensado que en las Ferias del Libro me alimentan la expectativa de encontrar algo distinto, alguna joya escondida que sorprenda al escaparate de éxitos al que nos tienen habituados la mayoría de casetas. Este año en Valencia, ni ha cambiado mi expectativa ni han cambiado los expositores llenos de bestsellers y novedades, pero sí he encontrado una pequeña joyita que únicamente vi en una librería, parece que sin razón local ni social (curioso y no menos filosófico nombre que se le asigna en la terminología empresarial), pero existente sobre ruedas, como se publicitan sus propietarias, y con apartado de correos para cualquier pedido: Sidecar, sobre ruedas.
La joyita en cuestión se titula Ninguna parte, es un texto de una autora conocida por mí de oídas únicamente, Yasmina Reza. Dos aspectos me hicieron acercarme a él: una escueta recomendación en un periódico y el prólogo de Eduardo Mendoza del que puedo rescatar calificaciones sobre literatura que siempre me van a atraer: ternura contenida, imágenes precisas, silencios expresivos, desarraigo sin pérdidas, realidad sin drama.
Sigue Mendoza:
Es el autorretrato de un personaje sin país, sin casa, sin tradición, habitante de barrios de nueva planta y de apartamentos que ni siquiera pretender ser un hogar, sin más tierra que las palabras de una lengua adquirida y unos sentimientos que por definición son hijos del instante, tan profundos como frágiles.
Se muestra en el libro además, en varias ocasiones una, no sé si llamar, preocupación por el deseo de olvido, que ha habitado en nuestra sociedad de manera casi obligatoria. De ahí el término tan visual de pasar página, en un fragmento donde muchos podemos vernos reflejados escribe la autora:
Interrogada por mí sobre su infancia, mi madre dijo al menos diez veces en una conversación que le aburría: hay que pasar página. Pasar página vuelve siempre sin que yo consiga nunca ver de qué página se trata.
Por último, otro bocado más de este libro de apenas 64 páginas:
Los lugares me inspiran cuando los veo, por ejemplo, desde una carretera o desde un tren. Veo un bosque, un camino, un riachuelo a lo largo de una carretera nacional, entre vallas publicitarias y almacenes. Algunos acontecimientos, algunos seres son como los paisajes. No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura.
24/2/07
Ciudades y recuerdos
Para mis cuatro amargos personajes serían puntos de referencia el olor a comida de todos esos establecimientos, las líneas de los periódicos destrozados a fuerza de tanto leerlos en los cafés, los carteles de los muros (que para mí son lo que hace que una ciudad lo sea de verdad), los vendedores ambulantes, los anuncios en los costados de los autobuses y tantas otras cosas [...] Cada vez que pienso en ellos recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que lo mantiene todo unido.
Las palabras que he resaltado en negrita me llevaron a recordar de nuevo los textos de Galeano y a Porto, donde tomamos esta imagen que bien puede definir la ciudad.

[En el desespero de las manos llenas no está la tranquilidad de las manos vacías. ¡Bello es el silencio de las ruinas!]



