Mostrando entradas con la etiqueta citas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta citas. Mostrar todas las entradas

25/8/14

Teoría de la literatura

He leído pocos comienzos de novela que me atrajeran tanto como el que aquí transcribo. Es el capítulo primero de Los sinsabores del verdadero policía de Roberto Bolaño, poco apto para remilgados. 

Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las mayores corrientes, sin embargo eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (en nuestra lengua, claro está; en el mundo ancho y ajeno el paradigma seguía siendo Verlaine el Generoso). Una loca, según Padilla, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente. Los poetas tipo Blas de Otero eran, por regla general, bujarrones, mientras que los poetas tipo Gil de Biedma eran, salvo el propio Gil de Biedma, mitad ninfos y mitad maricas. La poesía española de los últimos años, exceptuando, si bien con reticencias, al ya nombrado Gil de Biedma y probablemente a Carlos Edmundo de Ory, carecía de poetas maricones hasta la llegada del Gran Maricón Sufriente, el poeta preferido de Padilla, Leopoldo María Panero. Panero, no obstante, había que reconocerlo, tenía unos ramalazos de loca bipolar que lo hacían poco estable, clasificable, fiable. De los compañeros de Panero un caso curioso era Gimferrer, que tenía vocación de marica, imaginación de maricón y gusto de ninfo. El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la Palabra. Los mariquitas, según Padilla, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban -aunque no siempre- los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucede es que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimode, el trío de la muerte. De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores, en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta Sophie Podolski, cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, grandes directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa, en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón. ¿Quién?, te preguntarás. ¿Maiakosvski? No. ¿Yesenin? Tampoco. ¿Pasternak, Block, Mandelstam, Ajmátova? Menos. Sólo uno, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Jlébnikov. Y, en Hispanoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque éste tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rohka (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora, y junto con Lezama todos los maricas y mariquitas de la Revolución Cubana salvo Rogelio Nogueras, que era una ninfa con espíritu de maricón, para no mencionar sino de pasada a los poetas de la Revolución Sandinista: mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos tipo Ernesto Cardenal. Maricas son también los contemporáneos de México (¡no, gritó Amalfitano, Gilberto Owen no!), de hecho "Muerte sin fin" es, junto con la poesía de Paz, la Marsellesa de los nerviosísimos poetas mexicanos. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Pellicer, mariposa, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa. Y volvamos a España, volvamos al origen: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Ya está todo dicho. Y ahora para saciar tu curiosidad, algunas diferencias entre maricas y maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y los fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus chulos. Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una polla removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que odian y aman con toda su alma) descubren, en sus ojos hundidos, la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada. Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricones y maricas sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.

-Te faltó la categoría de de los simios parlantes -dijo Amalfitano cuando por fin Padilla se calló.

-Ah, los simios parlantes -dijo Padilla-, los monos maricones de Madagascar que no hablan para no trabajar.

6/12/12

Ahora yo también soy una persona despreciable


Estoy impactada ante la lectura de “Maldito sea el hombre que confía en el hombre”: un projet d’alphabetisation, de Angélica Liddell. Os muestro la intervención del primer personaje. Imposible dejar aquí la lectura. Un texto tan devorador como la humanidad que presenta.

A comme argent

He aprendido a respetar solamente el dinero

Las personas no me parecen respetables
estas cosas se aprenden llorando.

Si en tres años acumulas decepciones suficientes
para levantar una montaña inmensa de mierda
empiezas a desconfiar por fuerza de la idea de humanidad
te separas por fuerza de la idea de humanidad
te decepciona por fuerza la idea de humanidad.

A veces basta una sola humillación
una sola ofensa
un solo cruce con la persona equivocada
para cambiar para siempre tu idea de humanidad.

Prefiero intercambiar un par de frases cortas
con los vendedores chinos
son amables a cambio del precio de los productos
es la única amabilidad en la que confío
la amabilidad entre el vendedor y el comprador.

Entrar en un comercio chino y preguntar:
¿queda pan?
Sí
¿cuánto es?
Sesenta céntimos
Coger mi barra de pan y largarme
sin concederle tiempo al conocimiento
sin darle una oportunidad a la decepción mutua ni a la humillación mutua. […]

Y tú dirás, “pero hay que respetar al ser humano” “existen las excepciones” “ejemplos de grandeza humana, joder, ejemplos de grandeza humana”

Y yo te digo,
a ti, Mister Happy-Hippy,
te digo,
o es que eres imbécil
o es que no has llorado todavía lo suficiente.
Si dices esa estupidez es que no has llorado todavía lo suficiente.
Aunque tú pienses que has llorado mucho
no has llorado todavía lo suficiente
no has acumulado decepciones suficientes
para levantar una montaña inmensa de mierda.
No te han jodido la vida lo suficiente.
Métete tus buenas intenciones por el culo.
Métete tu falso amor al prójimo por el culo.
Métete tu buen rollito de pequeño-intelectual-burgués-europeo-responsable dedicado a la cultura por el mismísimo culo.
Si hubieras llorado lo suficiente comprenderías que la persona que te vende el pan cada mañana sólo puede ser una persona despreciable.
Incluso recién nacidos estamos sucios
cuando hayas llorado lo suficiente vuelve por aquí.

Uno se convierte en una persona despreciable a fuerza de conocer gente despreciable

ahora yo también soy una persona despreciable

la más despreciable

Y espero respetar el dinero lo suficiente para alejarme definitivamente de todos, o para que todos se alejen de mí.

Si para quedarme sola tuviera que insultar a mi propio hijo lo insultaría.

Hasta aquí hemos llegado.

Y te aseguro que es necesario haber amado mucho, haber confiado mucho, y haber llorado mucho para llegar hasta aquí.

3/9/12

(B)ersos (V)

Sí, son variaciones sobre la mesma tema, ya desde hace algunos años y hace pocos meses. Incluso hoy mismo, en asturiano, gracias a Berta Piñán y a su delicado poemario Temporada de Pesca. Y sí, seguramente mañana, también mañana estará aquí, esa muyer qu’igual quixera ser yo mientres agora, escribiendo, la miro y envidio’l so pasu, cómo suena apartándose nuna dirección contraria, apartándose.

La impostora
(variaciones sobre la mesma tema)

Pudiera ser Isolda apurando la copa
del llocu amor nes brunes lloses
d’Aquitania, con munchu mar
de fondu y grandes decoraos, sieglos
después, sobreviviendo a la lleenda.
Pudiera ser domadora de fieres, guerrera
percorriendo, inútiles, fríes, les siendes
del olvidu o Lucrecia Borgia, amansando
caballos mientres fuera siente’l ruxir
de la batalla. Puediera acompañar a Safo
camín de casa, cuando vuelve
midiendo n’hexámetros la vida
y ser Ofelia ente les flores, amante
de mil reis, soberana o mendiga,
ramera, la muyer barbuda naquel
vieyu anunciu de la infancia.
Pudiera ser tabernera nun chigre
de La Haya, regando en vino escuro’l
sangre i dolor d’unos borrachos,
campesina a les orielles del Yang Tse,
inmóvil al tiempo y al espaciu,
George Sand y les muyeres qu’ella
tarreció o yo mesma, esa otra qu’escueye
siempre la dirección opuesta,
aquella que pudi ser, la que nunca voi ser,
ésta qu’escribe unos versos confusos
nel corredor de casa una tarde cualquiera
y siente’l ríu, los coches y mira
pa esa muyer que pasa y cruza un instante
el so tiempo nel míu,
esa muyer qu’igual quixera ser yo
mientres agora, escribiendo, la miro
y envidio’l so pasu, cómo suena
apartándose nuna dirección contraria,
apartándose.

7/2/12

(B)ersos (IV)

Mujer acostada (con ventana al fondo), Egon Schiele
         Mujeres
La mujer imposible,
la mujer de dos metros de estatura,
la señora de mármol de Carrara
que no fuma ni bebe,
la mujer que no quiere desnudarse
por temor a quedar embarazada,
la vestal intocable
que no quiere ser madre de familia,
la mujer que respira por la boca,
la mujer que camina

virgen hacia la cámara nupcial
pero que reacciona como hombre,
la que se desnudó por simpatía
(porque le encanta la música clásica),
la pelirroja que se fue de bruces,
la que sólo se entrega por amor,
la doncella que mira con un ojo,
la que sólo se deja poseer
en el diván, al borde del abismo,
la que odia los órganos sexuales,
la que sólo se une con su perro,
la mujer que se hace la dormida
(el marido la alumbra con un fósforo),
la mujer que se entrega porque sí,
porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
la profesora miope,
la secretaria de gafas oscuras,
la señora pálida de lentes
(ella no quiere nada con el falo),
todas estas walkirias,
todas estas matronas respetables
con sus labios mayores y menores
terminarán sacándome de quicio.
Nicanor Parra                                                              
[El subrayado es mío. Piensa, ¿cuál sería el tuyo?]                                              

18/8/11

Que no bailen

Gracias a Álvaro Roldán, que me recuerda este apropiado pasaje de Federico García Lorca en Poeta en Nueva York, cuando se cumplen 75 años de su asesinato y en un día donde los medios no dejan de enseñar imágenes tan surrealistas como las del poeta.
¡Que no baile el Papa! ¡No, que no baile el Papa! Ni el Rey, ni el millonario de dientes azules, ni las bailarinas secas de las catedrales, ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas. […] Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, que ya la Bolsa será una pirámide de musgo

1/8/11

Literatura salvaje

Joaquín Font, Clínica de Salud Mental El Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de México DF, enero de 1977. Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. (...) Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier clase de literatura, con ojo crítico sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicida después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. (...) Otrosí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California, ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida (…) El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con eso no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se los ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí lo consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! (…) ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco (…) y no me hicieron caso.

Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

3/7/11

(B)ersos (III)

Abrazo de los amantes, Egon Schiele
AMOR
Mi alma era un vestido azul celeste
que dejé en un acantilado, en alta mar,
y me acerqué a ti, desnuda, como una mujer.
Y como mujer me senté a tu mesa,
bebí un vaso de vino y aspiré aroma de rosas.
Tú encontraste en mí tus sueños de belleza.
Todo lo olvidé, mi niñez y mi patria,
únicamente sabía que tus caricias me apresaban.
Y tú, sonriente, cogiste un espejo y me dijiste: Mírate.
En mis hombros vi polvo, y en polvo se deshacían,
mi belleza sólo esto deseaba: desaparecer.
¡Abrázame tan fuerte que nada necesite!

10/4/11

Telaraña dominical

La obra para la rehabilitación de la fachada IMPIDE que vea el sol por cualquiera de mis ventanas sin una tonalidad verde, la de esa especie de mosquitera gigante que aprisiona y agobia a los edificios y distorsiona la imagen de sus habitantes. Esta visión distorsionada del Mí que me habito piensa en la película con la que me acosté anoche, Incendies, el viaje por parte de unos hijos al nacimiento del odio de la madre. Una de esas películas con la que te acuestas y te levantas al día siguiente y que mi luz entelada del sol no me deja olvidar.
Con ella y contigo intento paliar el silencio con el dulce canto de Madredeus y una canción me enternece: Milagre

É grande o silêncio,
aguardo o milagre,
chegas amor finalmente,
ó meu amor, mesmo tarde;

e vou livremente,
contigo a meu lado,
tenho o meu mundo contente,
neste sonhar acordado.

- Onde está a tua voz, quero ouvir a tua voz...
- Onde está a tua voz, queria ouvir a tua voz...

O desejo pretende,
louvar a saudade,
A tua voz anda ausente,
e eu estar contigo é milagre.

La letra de mi domingo es de Juan Gelman, el libro de título precioso es En abierta ocuridad. La palabra que calla lo que dice.

el sufrimiento/¿es derrota o batalla? /
realidad que aplastás/¿sos compañera? /
¿tu mucha perfección te salva de algo? /
¿acaso no te duelo/te juaneo/
te gelmaneo/te cabalgo como
loco de vos/potro tuyo que pasa
desabuenándose la desgraciada? /
¿esa que llora al pie de mis muereras? /
¿acaso no te soy para padrearte? /
¿me vas a disculpar que te hije mucho? /
realidad que sufrís como pariendo/
tu sufridero/¿canta para mí? /
¿contra mí? /¿me mostrás lo que yo sea? /
¿me estás alando/ala de mi furor? /
¿te descriaturás como paloma
que busca un ojo ciego para ver?

El plan, Poseu-me les ulleres, en el Teatro Micalet, donde gracias a los versos de Estellés espero deshacerme de la telaraña, aunque sé que por la Camino, me dejo El Artificio. Una película amiga que se merece la mejor de las suertes.

3/3/11

El verbo

En el principio fue el sustantivo. No había verbos. Nadie decía “voy a la casa”. Decía simplemente “casa” y la casa venía a él. Nadie decía “te amo”. Decía simplemente “amor” y uno simplemente amaba. En el principio era mejor.
Isidoro Blastein, Por favor, sea breve, Páginas de espuma

12/7/10

(B)ersos (II)

... de Wislawa Szymborska.

Vermeer

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
la leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

8/7/10

(B)ersos...

…de Jaime Gil de Biedma
Las grandes esperanzas
[…]
Cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce en estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
                                              a estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente- ni siquiera
las grandes esperanzas que estan puestas
todas sobre nosotros, todas
                                          y así pesan.

12/1/10

Mi retórica (III): Comparació

Una dona sense un home
és com un peix sense bicicleta.
Anònim

8/1/10

Cinco años después… Porque Sueño (II)


Le cojo gusto a leer. Me meto dentro de cualquier libro que cae en mis manos y sólo me retiro de él cuando cae el telón. Un libro es un mundo, un mundo concebido, un mundo con un principio y un fin. Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es una morada. En la casa cuya forma es “camello”, hay un camello. Dentro de la cabaña “oca”, una oca me espera. […] No intento recordar las cosas que ocurren en un libro. Esta mañana, al salir de mi libro, sentía una deliciosa sensación de embriaguez y espacio, una gran impaciencia, un magnífico deseo. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar. Si casi todas las palabras de esta noche han pasado por mis ojos como el agua del mar por los costados de un navío, las pocas palabras que he retenido han grabado en mi espíritu una marca indeleble.

Un regalo inesperado. No sabía que se había traducido L’avalée des avalés (El valle de los avasallados de Réjean Ducharme), el libro amuleto del protagonista de la película Léolo, Léolo Lozone. Estoy nerviosa por comenzarlo y todo… ¿Qué cosas no?

Gracias a Ediciones Doctor Domaverso y a su traductor, Miguel Rei, por la iniciativa.

28/12/09

Mi retórica (II): erotismo y metáfora

El erotismo es al sexo lo que la metáfora al lenguaje. Una invención que amplía su capacidad expresiva, a la vez que la hace más o menos equívoca. Tenemos que tomarnos las metáforas en serio, pero no al pie de la letra. De lo contrario, puesto que los dientes son perlas, las caries las tratarían los joyeros en vez de los dentistas. Las metáforas, como otros juegos del lenguaje, son una sorpresa ingeniosa que interesa, divierte o emociona. Suponen un lujo, es decir, algo innecesario que acaba siendo necesario. Rompe de alguna manera el utilitarismo del lenguaje –transmitir información- para recrearse en el mismo lenguaje, en su belleza, en sus juegos.

José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad.

5/12/09

Volar y Leer

Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo —se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura—leen que se acerca una tempestad. Pero ellos ¿leen acaso? ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas? ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, la tempestad? Ése es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro.

JACQUES LACAN, La función de lo escrito

Cita introductoria del libro El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.


22/9/09

Un buen polvo, sin duda

Leer a Vila-Matas siempre es un placer, nada más comenzar la lectura del Dietario Voluble me encuentro con este mágico polvo de la simpatía.

Pensando en Madrid, me he quedado imaginando que inventaban el polvo de la simpatía. Lo inventaba a pesar de la ley del tabaco –ese polvo sería como una especie de rapé-, y al principio tenía algo de clandestino. El nuevo invento era capaz de transformar a un país entero. Quien lo probaba, cambiaba inmediatamente de humor y no sólo sonreía, sino que se volvía adorablemente alegre y simpático, relajado, atento a las opiniones distintas del prójimo: elegante, discreto, inteligente, demócrata de verdad.

En un primer momento, el inventor del polvo de la simpatía hacía sus primeras pruebas o experimentos con los taxistas de Madrid y en una semana les cambiaba a todos el castizo y guarro carácter convirtiéndoles en gente que escuchaba, con abierta alegría, música clásica o bien recitales de poesía. Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa, que por arte de polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.

La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.

15/9/09

Piso días, pensamientos, mi sombra... pero encuentro

Busco sin encontrar, escribo a solas
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante.

Octavio Paz, Sunstone

[Fragmento copiado en The Book Upstairs, una pequeña pero repleta librería situada en frente del Trinity College, bajo la atenta y curiosa mirada de la dependienta]

11/6/09

Yo soy libre, como el mar...

29/3/09

Feas, taradas y avinagradas

Hay una famosa película de Frank Capra del año 1946: ¡Qué bello es vivir! donde James Steward hace el papel de un buen hombre al que los negocios han arruinado. Decide suicidarse, pero un ángel que quiere ganarse las alas -interpretado por Henry Travers- intentará ayudarlo. James Stewart -o mejor, el honrado Georgey Bayle que el actor encarna- se arrepiente de haber nacido, y el ángel le muestra lo que sería el mundo sin él: muchas cosas habrían cambiado, y la vida, en algunos aspectos, sería muy deprimente. Hay una escena en la película en la que él quiere saber que habría sido de su mujer si él no hubiera nacido, y el ángel se niega a responderle: "Eso no puede ser... No puedo... No te gustará... No debo decírtelo." Ante su insistencia le explica, con cara compungida, el lugar donde trabaja aquella que era su mujer: corriendo va a buscarla y se encuentra con una soltera triste, con el pelo recogido por detrás, un gorro insulso en la cabeza, unas pequeñas gafas y un vestido gris, que está a punto de acabar su jornada laboral: sale de una biblioteca donde, evidentemente, trabaja de bibliotecaria.

Alrededor de todo esto, recuerdo ahora el artículo que hace algunos años Marisa Villora publicó en el boletín de l'ANABAD -anagrama de la Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas- titulado "Los bibliotecarios en la novela actual" donde se hacía eco de un hecho curioso: en las novelas de ciencia-ficción i en la novela negra era donde ella había observado que con más frecuencia aparecía la imagen del bibliotecario. En las primeras se trataba -no podía ser de otra manera- de bibliotecarios robot, pero en las segundas la presencia del gremio era de lo más tópica. Vemos a Raymond Chandler en La ventana siniestra: "esas vírgenes de rostro avinagrado sentadas detrás de los escritorios de las Bibliotecas Públicas"

Prácticamente todos los profesionales que aparecen en la literatura son del género femenino, y si son bibliotecarias, no es por vocación: quién sabe si lo son para no ser monjitas. Monserrat Roig en Ramona, adéu: "La tía Sixta dice que las mujeres se hacen bibliotecarias cuando ven que se quedan para vestir santos." Eso, o se trata de mujeres feas o con un defecto físico: Manuel de Pedrolo en Anònim II o de les dimensions permanents de la Triarquia: "¿Y las cojas? ¿Cuándo las harás venir?/ No las haré venir. ¿No podemos vivir todos juntos, aquí? Y si tienen una recaída sus madres no me lo perdonarían. Al fin y al cabo, ya están acostumbradas a ser cojas. Las tres se han de buscar ocupaciones que les convienen: bibliotecaria, modista y dibujante."

Al menos es de agradecer que Quim Monzó en su libro de cuentos El perquè de tot plegat, concretamente el que lleva por título "L'amor" comience con estas palabras: "La archivera es una mujer alta, guapa, con rasgos faciales grandes y vivos. Es inteligente, divertida, y tiene lo que se dice carácter". (Por cierto, en la adaptación para el cine hecha por Ventura Pons es bibliotecaria, pero no es tan guapa: el papel lo hace Rossy de Palma).

[Nota: la traducción es mía, con motivo de este texto, extraído del dietario catalán Com l'Angèlica de Ramon Guillem (escritor y bibliotecario valenciano).]

Dedicado a Catuxa

6/2/08

Temptation



Saps? M'agrada el teu cap i m'agrada el teu cul
-dues meitats bessones desaparionades-.
La meva llengua com un caragol silent
ressegueix, lent, tot l'arbre, de l'arrel a la copa.

Amb l'amor a l'esquena, com una casa closa,
i un bri d'esglai al cap de les antenes,
m'emparro per l'escorça i estimo cada grop,
cada fulla, i el corc que adesiara hi plora.


Saps? M'agrada el teu cul i m'agrada el teu cap.
Un camí-laberint de saliva brillant
lliga els racons que el sol amb tall segur destria.

El paisatge divers de la bola del món
és el teu cos, avui, ofert, com un deliri,
de terra, al meu deler de boca viatgera.
María Mercè Marçal