Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las mayores corrientes, sin embargo eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (en nuestra lengua, claro está; en el mundo ancho y ajeno el paradigma seguía siendo Verlaine el Generoso). Una loca, según Padilla, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente. Los poetas tipo Blas de Otero eran, por regla general, bujarrones, mientras que los poetas tipo Gil de Biedma eran, salvo el propio Gil de Biedma, mitad ninfos y mitad maricas. La poesía española de los últimos años, exceptuando, si bien con reticencias, al ya nombrado Gil de Biedma y probablemente a Carlos Edmundo de Ory, carecía de poetas maricones hasta la llegada del Gran Maricón Sufriente, el poeta preferido de Padilla, Leopoldo María Panero. Panero, no obstante, había que reconocerlo, tenía unos ramalazos de loca bipolar que lo hacían poco estable, clasificable, fiable. De los compañeros de Panero un caso curioso era Gimferrer, que tenía vocación de marica, imaginación de maricón y gusto de ninfo. El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la Palabra. Los mariquitas, según Padilla, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban -aunque no siempre- los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucede es que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimode, el trío de la muerte. De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores, en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta Sophie Podolski, cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, grandes directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa, en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón. ¿Quién?, te preguntarás. ¿Maiakosvski? No. ¿Yesenin? Tampoco. ¿Pasternak, Block, Mandelstam, Ajmátova? Menos. Sólo uno, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Jlébnikov. Y, en Hispanoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque éste tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rohka (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora, y junto con Lezama todos los maricas y mariquitas de la Revolución Cubana salvo Rogelio Nogueras, que era una ninfa con espíritu de maricón, para no mencionar sino de pasada a los poetas de la Revolución Sandinista: mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos tipo Ernesto Cardenal. Maricas son también los contemporáneos de México (¡no, gritó Amalfitano, Gilberto Owen no!), de hecho "Muerte sin fin" es, junto con la poesía de Paz, la Marsellesa de los nerviosísimos poetas mexicanos. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Pellicer, mariposa, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa. Y volvamos a España, volvamos al origen: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Ya está todo dicho. Y ahora para saciar tu curiosidad, algunas diferencias entre maricas y maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y los fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus chulos. Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una polla removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que odian y aman con toda su alma) descubren, en sus ojos hundidos, la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada. Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricones y maricas sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.
-Te faltó la categoría de de los simios parlantes -dijo Amalfitano cuando por fin Padilla se calló.
-Ah, los simios parlantes -dijo Padilla-, los monos maricones de Madagascar que no hablan para no trabajar.
25/8/14
Teoría de la literatura
6/12/12
Ahora yo también soy una persona despreciable
A comme argentHe aprendido a respetar solamente el dineroLas personas no me parecen respetablesestas cosas se aprenden llorando.Si en tres años acumulas decepciones suficientespara levantar una montaña inmensa de mierdaempiezas a desconfiar por fuerza de la idea de humanidadte separas por fuerza de la idea de humanidadte decepciona por fuerza la idea de humanidad.A veces basta una sola humillaciónuna sola ofensaun solo cruce con la persona equivocadapara cambiar para siempre tu idea de humanidad.Prefiero intercambiar un par de frases cortascon los vendedores chinosson amables a cambio del precio de los productoses la única amabilidad en la que confíola amabilidad entre el vendedor y el comprador.Entrar en un comercio chino y preguntar:¿queda pan?Sí¿cuánto es?Sesenta céntimosCoger mi barra de pan y largarmesin concederle tiempo al conocimientosin darle una oportunidad a la decepción mutua ni a la humillación mutua. […]Y tú dirás, “pero hay que respetar al ser humano” “existen las excepciones” “ejemplos de grandeza humana, joder, ejemplos de grandeza humana”Y yo te digo,a ti, Mister Happy-Hippy,te digo,o es que eres imbécilo es que no has llorado todavía lo suficiente.Si dices esa estupidez es que no has llorado todavía lo suficiente.Aunque tú pienses que has llorado muchono has llorado todavía lo suficienteno has acumulado decepciones suficientespara levantar una montaña inmensa de mierda.No te han jodido la vida lo suficiente.Métete tus buenas intenciones por el culo.Métete tu falso amor al prójimo por el culo.Métete tu buen rollito de pequeño-intelectual-burgués-europeo-responsable dedicado a la cultura por el mismísimo culo.Si hubieras llorado lo suficiente comprenderías que la persona que te vende el pan cada mañana sólo puede ser una persona despreciable.Incluso recién nacidos estamos sucioscuando hayas llorado lo suficiente vuelve por aquí.Uno se convierte en una persona despreciable a fuerza de conocer gente despreciableahora yo también soy una persona despreciablela más despreciableY espero respetar el dinero lo suficiente para alejarme definitivamente de todos, o para que todos se alejen de mí.Si para quedarme sola tuviera que insultar a mi propio hijo lo insultaría.Hasta aquí hemos llegado.Y te aseguro que es necesario haber amado mucho, haber confiado mucho, y haber llorado mucho para llegar hasta aquí.
3/9/12
(B)ersos (V)
La impostora(variaciones sobre la mesma tema)Pudiera ser Isolda apurando la copadel llocu amor nes brunes llosesd’Aquitania, con munchu marde fondu y grandes decoraos, sieglosdespués, sobreviviendo a la lleenda.Pudiera ser domadora de fieres, guerrerapercorriendo, inútiles, fríes, les siendesdel olvidu o Lucrecia Borgia, amansandocaballos mientres fuera siente’l ruxirde la batalla. Puediera acompañar a Safocamín de casa, cuando vuelvemidiendo n’hexámetros la viday ser Ofelia ente les flores, amantede mil reis, soberana o mendiga,ramera, la muyer barbuda naquelvieyu anunciu de la infancia.Pudiera ser tabernera nun chigrede La Haya, regando en vino escuro’lsangre i dolor d’unos borrachos,campesina a les orielles del Yang Tse,inmóvil al tiempo y al espaciu,George Sand y les muyeres qu’ellatarreció o yo mesma, esa otra qu’escueyesiempre la dirección opuesta,aquella que pudi ser, la que nunca voi ser,ésta qu’escribe unos versos confusosnel corredor de casa una tarde cualquieray siente’l ríu, los coches y mirapa esa muyer que pasa y cruza un instanteel so tiempo nel míu,esa muyer qu’igual quixera ser yomientres agora, escribiendo, la miroy envidio’l so pasu, cómo suenaapartándose nuna dirección contraria,apartándose.
7/2/12
(B)ersos (IV)
| Mujer acostada (con ventana al fondo), Egon Schiele |
La mujer imposible,
la mujer de dos metros de estatura,
la señora de mármol de Carrara
que no fuma ni bebe,
la mujer que no quiere desnudarse
por temor a quedar embarazada,
la vestal intocable
que no quiere ser madre de familia,
la mujer que respira por la boca,
la mujer que camina
virgen hacia la cámara nupcial
pero que reacciona como hombre,
la que se desnudó por simpatía
(porque le encanta la música clásica),
la pelirroja que se fue de bruces,
la que sólo se entrega por amor,
la doncella que mira con un ojo,
la que sólo se deja poseer
en el diván, al borde del abismo,
la que odia los órganos sexuales,
la que sólo se une con su perro,
la mujer que se hace la dormida
(el marido la alumbra con un fósforo),
la mujer que se entrega porque sí,
porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
la profesora miope,
la secretaria de gafas oscuras,
la señora pálida de lentes
(ella no quiere nada con el falo),
todas estas walkirias,
todas estas matronas respetables
con sus labios mayores y menores
terminarán sacándome de quicio.
18/8/11
Que no bailen
¡Que no baile el Papa! ¡No, que no baile el Papa! Ni el Rey, ni el millonario de dientes azules, ni las bailarinas secas de las catedrales, ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas. […] Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, que ya la Bolsa será una pirámide de musgo
1/8/11
Literatura salvaje
3/7/11
(B)ersos (III)
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| Abrazo de los amantes, Egon Schiele |
Mi alma era un vestido azul celesteque dejé en un acantilado, en alta mar,y me acerqué a ti, desnuda, como una mujer.Y como mujer me senté a tu mesa,bebí un vaso de vino y aspiré aroma de rosas.Tú encontraste en mí tus sueños de belleza.Todo lo olvidé, mi niñez y mi patria,únicamente sabía que tus caricias me apresaban.Y tú, sonriente, cogiste un espejo y me dijiste: Mírate.En mis hombros vi polvo, y en polvo se deshacían,mi belleza sólo esto deseaba: desaparecer.¡Abrázame tan fuerte que nada necesite!
10/4/11
Telaraña dominical
aguardo o milagre,
chegas amor finalmente,
ó meu amor, mesmo tarde;
contigo a meu lado,
tenho o meu mundo contente,
neste sonhar acordado.
- Onde está a tua voz, queria ouvir a tua voz...
louvar a saudade,
A tua voz anda ausente,
e eu estar contigo é milagre.
3/3/11
El verbo
En el principio fue el sustantivo. No había verbos. Nadie decía “voy a la casa”. Decía simplemente “casa” y la casa venía a él. Nadie decía “te amo”. Decía simplemente “amor” y uno simplemente amaba. En el principio era mejor.
12/7/10
(B)ersos (II)
Vermeer
Mientras esa mujer del Rijksmuseumcon esa calma y concentración pintadassiga vertiendo día tras díala leche de la jarra al cuencono merecerá el Mundoel fin del mundo.
8/7/10
(B)ersos...
Las grandes esperanzas
[…]
Cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.
O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce en estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
a estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente- ni siquiera
las grandes esperanzas que estan puestas
todas sobre nosotros, todas
y así pesan.
12/1/10
Mi retórica (III): Comparació
Una dona sense un homeés com un peix sense bicicleta.
8/1/10
Cinco años después… Porque Sueño (II)

Le cojo gusto a leer. Me meto dentro de cualquier libro que cae en mis manos y sólo me retiro de él cuando cae el telón. Un libro es un mundo, un mundo concebido, un mundo con un principio y un fin. Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es una morada. En la casa cuya forma es “camello”, hay un camello. Dentro de la cabaña “oca”, una oca me espera. […] No intento recordar las cosas que ocurren en un libro. Esta mañana, al salir de mi libro, sentía una deliciosa sensación de embriaguez y espacio, una gran impaciencia, un magnífico deseo. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar. Si casi todas las palabras de esta noche han pasado por mis ojos como el agua del mar por los costados de un navío, las pocas palabras que he retenido han grabado en mi espíritu una marca indeleble.
Un regalo inesperado. No sabía que se había traducido L’avalée des avalés (El valle de los avasallados de Réjean Ducharme), el libro amuleto del protagonista de la película Léolo, Léolo Lozone. Estoy nerviosa por comenzarlo y todo… ¿Qué cosas no?
Gracias a Ediciones Doctor Domaverso y a su traductor, Miguel Rei, por la iniciativa.
28/12/09
Mi retórica (II): erotismo y metáfora
El erotismo es al sexo lo que la metáfora al lenguaje. Una invención que amplía su capacidad expresiva, a la vez que la hace más o menos equívoca. Tenemos que tomarnos las metáforas en serio, pero no al pie de la letra. De lo contrario, puesto que los dientes son perlas, las caries las tratarían los joyeros en vez de los dentistas. Las metáforas, como otros juegos del lenguaje, son una sorpresa ingeniosa que interesa, divierte o emociona. Suponen un lujo, es decir, algo innecesario que acaba siendo necesario. Rompe de alguna manera el utilitarismo del lenguaje –transmitir información- para recrearse en el mismo lenguaje, en su belleza, en sus juegos.
José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad.
5/12/09
Volar y Leer
Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo —se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura—leen que se acerca una tempestad. Pero ellos ¿leen acaso? ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas? ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, la tempestad? Ése es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro.
JACQUES LACAN, La función de lo escrito
Cita introductoria del libro El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.
22/9/09
Un buen polvo, sin duda
Leer a Vila-Matas siempre es un placer, nada más comenzar la lectura del Dietario Voluble me encuentro con este mágico polvo de la simpatía.
Pensando en Madrid, me he quedado imaginando que inventaban el polvo de la simpatía. Lo inventaba a pesar de la ley del tabaco –ese polvo sería como una especie de rapé-, y al principio tenía algo de clandestino. El nuevo invento era capaz de transformar a un país entero. Quien lo probaba, cambiaba inmediatamente de humor y no sólo sonreía, sino que se volvía adorablemente alegre y simpático, relajado, atento a las opiniones distintas del prójimo: elegante, discreto, inteligente, demócrata de verdad.
En un primer momento, el inventor del polvo de la simpatía hacía sus primeras pruebas o experimentos con los taxistas de Madrid y en una semana les cambiaba a todos el castizo y guarro carácter convirtiéndoles en gente que escuchaba, con abierta alegría, música clásica o bien recitales de poesía. Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa, que por arte de polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.
La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.
15/9/09
Piso días, pensamientos, mi sombra... pero encuentro
Busco sin encontrar, escribo a solas
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante.
Octavio Paz, Sunstone
[Fragmento copiado en The Book Upstairs, una pequeña pero repleta librería situada en frente del Trinity College, bajo la atenta y curiosa mirada de la dependienta]
11/6/09
29/3/09
Feas, taradas y avinagradas
Hay una famosa película de Frank Capra del año 1946: ¡Qué bello es vivir! donde James Steward hace el papel de un buen hombre al que los negocios han arruinado. Decide suicidarse, pero un ángel que quiere ganarse las alas -interpretado por Henry Travers- intentará ayudarlo. James Stewart -o mejor, el honrado Georgey Bayle que el actor encarna- se arrepiente de haber nacido, y el ángel le muestra lo que sería el mundo sin él: muchas cosas habrían cambiado, y la vida, en algunos aspectos, sería muy deprimente. Hay una escena en la película en la que él quiere saber que habría sido de su mujer si él no hubiera nacido, y el ángel se niega a responderle: "Eso no puede ser... No puedo... No te gustará... No debo decírtelo." Ante su insistencia le explica, con cara compungida, el lugar donde trabaja aquella que era su mujer: corriendo va a buscarla y se encuentra con una soltera triste, con el pelo recogido por detrás, un gorro insulso en la cabeza, unas pequeñas gafas y un vestido gris, que está a punto de acabar su jornada laboral: sale de una biblioteca donde, evidentemente, trabaja de bibliotecaria.
Alrededor de todo esto, recuerdo ahora el artículo que hace algunos años Marisa Villora publicó en el boletín de l'ANABAD -anagrama de la Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas- titulado "Los bibliotecarios en la novela actual" donde se hacía eco de un hecho curioso: en las novelas de ciencia-ficción i en la novela negra era donde ella había observado que con más frecuencia aparecía la imagen del bibliotecario. En las primeras se trataba -no podía ser de otra manera- de bibliotecarios robot, pero en las segundas la presencia del gremio era de lo más tópica. Vemos a Raymond Chandler en La ventana siniestra: "esas vírgenes de rostro avinagrado sentadas detrás de los escritorios de las Bibliotecas Públicas"
Prácticamente todos los profesionales que aparecen en la literatura son del género femenino, y si son bibliotecarias, no es por vocación: quién sabe si lo son para no ser monjitas. Monserrat Roig en Ramona, adéu: "La tía Sixta dice que las mujeres se hacen bibliotecarias cuando ven que se quedan para vestir santos." Eso, o se trata de mujeres feas o con un defecto físico: Manuel de Pedrolo en Anònim II o de les dimensions permanents de la Triarquia: "¿Y las cojas? ¿Cuándo las harás venir?/ No las haré venir. ¿No podemos vivir todos juntos, aquí? Y si tienen una recaída sus madres no me lo perdonarían. Al fin y al cabo, ya están acostumbradas a ser cojas. Las tres se han de buscar ocupaciones que les convienen: bibliotecaria, modista y dibujante."
Al menos es de agradecer que Quim Monzó en su libro de cuentos El perquè de tot plegat, concretamente el que lleva por título "L'amor" comience con estas palabras: "La archivera es una mujer alta, guapa, con rasgos faciales grandes y vivos. Es inteligente, divertida, y tiene lo que se dice carácter". (Por cierto, en la adaptación para el cine hecha por Ventura Pons es bibliotecaria, pero no es tan guapa: el papel lo hace Rossy de Palma).
[Nota: la traducción es mía, con motivo de este texto, extraído del dietario catalán Com l'Angèlica de Ramon Guillem (escritor y bibliotecario valenciano).]
Dedicado a Catuxa
6/2/08
Temptation
Saps? M'agrada el teu cap i m'agrada el teu cul
-dues meitats bessones desaparionades-.
La meva llengua com un caragol silent
ressegueix, lent, tot l'arbre, de l'arrel a la copa.
Amb l'amor a l'esquena, com una casa closa,
i un bri d'esglai al cap de les antenes,
m'emparro per l'escorça i estimo cada grop,
cada fulla, i el corc que adesiara hi plora.
Saps? M'agrada el teu cul i m'agrada el teu cap.
Un camí-laberint de saliva brillant
lliga els racons que el sol amb tall segur destria.
El paisatge divers de la bola del món
és el teu cos, avui, ofert, com un deliri,
de terra, al meu deler de boca viatgera.




