La danza del erotismo en la película curaba heridas de vida incurables y hacía latente el deseo; pero más que nunca todos saben que el barco se está hundiendo, todos saben que el capitán mintió […] todos saben que esto está podrido.
La danza del erotismo en la película curaba heridas de vida incurables y hacía latente el deseo; pero más que nunca todos saben que el barco se está hundiendo, todos saben que el capitán mintió […] todos saben que esto está podrido.
¡Que no baile el Papa! ¡No, que no baile el Papa! Ni el Rey, ni el millonario de dientes azules, ni las bailarinas secas de las catedrales, ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas. […] Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, que ya la Bolsa será una pirámide de musgo
Busque, compare, y si encuentra una televisión autonómica mejor, más plural, de mayor calidad, que de verdad vertebre y defienda la lengua propia, que no avergüence ni calle ni oculte, que no provoque las comparaciones siempre odiosas, húndala a multas, estrangúlela, asfíxiela hasta que tenga que cerrar, para que después del apagón analógico en la Comunidad Valenciana llegue el apagón de TV3, la noticia que se cuela en la red vestida de indignación en un fin de semana en el que las calles de muchos países se llenan de gritos de libertad reprimidos y machacados. Aquí lo que muere es una opción de pluralidad, de libertad para elegir, que formaba parte de nuestra vida cotidiana televisiva desde hace muchos años. Ahora nos impiden tenerla ¿Por qué será? ¿Por qué les molestaba tanto que viésemos TV3, si la entendemos a la perfección, mejor que a otras que hablan castellano pero con un lenguaje de mierda, o que otras que hablan un valenciano lleno de mentiras y silencios? No han cejado hasta conseguirlo, imponiendo la razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón y la pluralidad. Como si les hiciésemos algún daño. ¿Y tú qué miras? Imagen en negro, rabia, consternación y un Eliseu Climent que en rueda de prensa recuerda que fue precisamente Acció Cultural la entidad que más se movilizó en demanda de una Televisión Valenciana pública y de calidad, no esa bazofia ruinosa que cuesta cada vez más defender y mantener.
Doy un salto en el tiempo hasta una par de semanas antes, hasta el debate emitido en La 2 de TVE, esa cadena que ahora apenas merece un mínimo recuedro en letras minúsculas en la página de programación de El País, bajo el título ¿Tenemos la televisión que nos merecemos? Me da por pensar que estos multadores ya han decidido por nosotros, los que han llevado a la asfixia económica a Acció Cultural para que cesasen los repetidores que ellos gestionaban pero que se montaron con dinero de todos, con bonos de mil pesetas que costaba un montón colocar a los amigos y conocidos. Piensan que los valencianos no nos merecemos ver esa televisión vecina. Si fuese ucraniana, o de la otra Polonia, o una de las de tarot y adivinaciones, o emitiese insultos y bajas pasiones en la franja porno, sería distinto. Prefieren eso a una señal que venía de esa comunidad con la que lingüísticamente nos entendemos a la perfección, por mucho que se empeñen y se rasguen las vestiduras con argumentaciones tan cutres como la de que el hombre del tiempo emplea la expresión “País Valencià”. Frente a la televisión sin fronteras en un mundo global donde poder comunicarse y compartir “on line” con cualquier lugar del planeta, la contumacia por aniquilar, por acallar, por poner puertas al campo televisivo, como si ver TV3 fuese feroz disidencia, quinta columna, enemigo infiltrado y a las puertas, nos parece una total aberración, y más si la comparamos con los contenidos de Canal 9, que ha traicionado todos aquellos objetivos para los que fue creada.
El Fringe Sunday es un día especial dentro de la programación del Festival de Edimburgo del que os hablaba en el apunte anterior. Es un día y un espacio, el gran parque “The Meadows”, donde muchos artistas ofrecen una parte del espectáculo que exhiben en los diferentes venue, que son los lugares de actuación: teatros, pubs, iglesias... Un día entero viendo muestras artísticas de todos los estilos.
Gracias a estos pequeños bocados descubrimos algunos de los espectáculos que finalmente visitamos y entre ellos, uno muy importante para mí, en el que supe, después de 33 años, qué quiero ser de mayor: Camille O'Sullivan. Ella hizo, con una fuerza tremenda en el escenario, las delicias de todos con canciones de Bowie, Tom Waits, Nick Cave o Radiohead, entre otros.
El primer paso para alcanzar este sueño ya lo tengo: un pintalabios rojo.
Aquí os dejo cinc cèntims de todo esto.
La previsión de un día más que lluvioso nos encaminó hacia la feria del libro, una de las más importantes de Europa según la UNESCO, y que en esta ciudad, Edimburgo, hacen coincidir con uno de los Festivales de Teatro más importantes del mundo, excusa principal de nuestro viaje, estoy hablando del Fringe, “al margen”. Es un privilegio estar allí, así lo siento.
La concepción de Feria del Libro que llevamos interiorizada, igual que el lado de la calle al que debes mirar para cruzarla, cambia. Personalmente, y a pesar de los viajes, soy bastante ingenua todavía cuando tiendo a pensar que lo que veo y vivo como cotidiano es bastante similar a lo que se ve y se vive fuera de mi “normalidad” del primer mundo. Esto ha pasado con esta muestra, no, mejor dicho, Festival del Libro.
Estamos en un pequeño parque, Charlotte Garden, dentro de una carpa, la única donde se muestran libros de todas las materias, pero una representación mínima en general y basada en las publicaciones escocesas. Sentada tranquilamente y tomando un té, al lado de otras personas tomando té y comiendo pasteles mientras leen, charlan silenciosamente, escriben... De vez en cuando, me llega el susurro ininteligible de sus conversaciones y el temblor del suelo provional cuando alguien pasa por nuestro lado. La “librería” vecina está dedicada únicamente a la literatura infantil y juvenil. Y ya está, no hay nada más, ¿entonces? Esta mañana una gran cola para escuchar a un autor o autora, esta tarde una gran fila de padres con sus hijos salen de una de las numerosas actividades programadas para los niños, todos los días a las diez de la máñana diez minutos de lectura (Ten at ten lo llaman), por la noche música en directo...
En este festival, como ya nos contaba hace poco Jaume Cabré en el Avui a propósito de las literaturhaus alemanas, la gente paga por escuchar a los escritores hablar sobre su obra. Es el primer día y las pantallas de información de la entrada ya avisan de que para muchas presentaciones ya no quedan entradas. Un hecho impensable si lo trasladamos a nuestra “normalidad”, a menudo ortopédica y puede que obsoleta. Claro que desconozco si en algún lugar de nuestra orgullosa península se invierte lo que en Edimgurgo, únicamente en el mes de Agosto, en cultura. No sólo este Book Festival, o el Fringe (tal es la cantidad de actuaciones programadas que para verlas todas sin parar comenzarías el primer día del festival y acabarías en noviembre, eso sin contar las no programadas de los artistas espontáneos), también exposiciones, música, cine...
No es una inversión de vendedores de humo, especialidad artística de nuestras tierras a las que nos tienen acostumbrados, sino una inversión cultural que mueve un tipo de turismo determinado y que ya quisiéramos algunas que se imitara. Pero no, de momento, ya de vuelta en casa, tenemos que pensar como esquivaremos el atropello de la Fórmula 1.
Dime de que te alimentas y te diré quién eres, o en qué intentan convertirte.
Mientras yo estaba tranquilamente paseando por las casetas de la Feria del Libro, muchos de mis paisanos estaban recordando en Alicante la fecha del 25 de Abril de 1707, fecha de la Batalla de Almansa que acabó con la victoria borbónica (Felipe V) y el fin de la Guerra de Sucesión, además de la imposición de la corona castellana “por justo derecho de conquista” como reza el Decreto de Nueva Planta y la pérdida de los fueros.
Mientras yo estaba tranquilamente paseando por las casetas de la Feria del Libro, un señor desde su balcón apuntaba a los manifestantes en Alicante con una pistola.
La foto ha sido difundida por Alerta Solidària y yo la he tomado prestada del Blog de Toni Cucarella. Al igual que él, muchos somos los que nos preguntamos qué hubiera pasado si la manifestación fuera de “demócratas” españoles y un catalán o un vasco apuntara a estos con su pistola desde su balcón en el que ondea una bandera distinta a la española. La respuesta está clarísima, ahora mismo estaría en prisión.
Su pregunta final es la mía también: Y a todo esto: ¿“nuestros” demócratas qué dicen?
[*Por si puede interesar las novelas de esta etapa son: La desheredada, El amigo Manso, El doctor Centeno, Tormento, La de bringas, Lo prohibido, y su novela cumbre, Fortunata y Jacinta]
Quede constancia de las proclamas y gritos de adhesión, previos a todo desahogo: mi respeto a los creyentes, a su dolor y, sobre todo, mi rendida fascinación ante la capacidad que el Vaticano posterior a Fellini sigue teniendo para montar un espectáculo de fuste (Cecil B. de Mille también e, inevitablemente, Coppola; cientos de machos o varones, con faldas carmesíes y elegantes tocados, en escena, sin truco digital), y por el olfato que las masas han desarrollado para detectar el reality show de estos tiempos por antonomasia, del que son a la vez objetivo y parte. Me rindo ante la fusión del poder terrenal y el querer espiritual, o viceversa.
Dicho lo cual, oremos.
Contra los ciegos embates multitudinarios de la emoción única, contra la excitación masiva, contra la irracionalidad sentimentaloide que preside lo mismo comitivas de homenaje que linchamientos, oremos. Vivan los médicos de Leganés.
Contra la obscena exhibición del sufrimiento y del sacrificio, contra el mantenimiento de la respiración a toda costa y por todos los medios, contra el rechazo a los paliativos del dolor que hasta la ley regula, oremos. Vivan los médicos de Leganés.
Contra los intentos de borrar la herencia del laicismo en este mundo, y dado que este mundo es lo único de que disponemos los laicos; contra la sobrevaloración de la bondad dispensada a cambio del reino de los cielos, por encima de la solidaridad humana pura y simple, oremos. Vivan los médicos de Leganés.
Contra las prohibiciones de preservativos que, en las zonas más vulnerables, convierten la enfermedad del sida en una verdadera pandemia, contra la natalidad desbordada y la maternidad irresponsable, contra la ceguera con que los adolescentes son lanzados a una castidad sin fisuras que les aboca a una sexualidad indefensa, oremos. Vivan los médicos de Leganés.
Contra las cazas de brujas, los intentos de regresar a la oscuridad medieval, la sumisión de la mujer, la eterna vara de castigo elevada sobre la alegre realización genital, oremos. Vivan los médicos de Leganés.
Contra la falta de caridad encubierta por los alardes escenográficos y las avalanchas de piedad turística, recojámonos y oremos. Y que vivan los médicos de Leganés.
Emile Zola. La taberna, 1877.