11/6/09
19/5/09
Inventario
Podría escribir de muchas cosas: me he leído un montón de libros, todos me han gustado y ello incluye Stig Larsson, aunque en mi conciencia una vocecilla me canturreara en tono de Chincha chincha: Te estás enganchando, te está gustando y yo, ¡No, no puede ser!, si cumple todos los requisitos para que no me guste: comercial, bestseller, policiaca, le encanta a mi hermano H., a mi cuñada R.…(Mare meua què m’està passant?). Menos mal que llega Rushdie y me cuenta en sus Hijos de la medianoche, Las mil y una noches de la India y me cuenta los Cien Años de Soledad de la India y me reconcilio conmigo misma y amo la literatura. Y llega Ò. y me enseña que es Precisament així donde Kipling construye el mundo en unos cuentos de la selva que nos recuerdan a un Gianni Rodari angloindio y el “Érase una vez…” se convierte en un “Temps era temps, fillet meu del meu cor, hi havia…” igual de entrañable y soñador. Y P. me habla de poetas y leo poesía y…
Podría escribir de muchas cosas, hasta los versos más tristes esta noche o un INVENTARIO de lecturas o de vida; pero para escribir sobre tu muerte Mario, mejor me callo. Hoy no me apetece, seguro que ni mañana ni mañana pasado que diría la Bertita, a la que un día leeré tu Táctica y estrategia para que conquiste el mundo, para que entienda el mundo, para que ame al mundo, para que crezca.
29/3/09
Feas, taradas y avinagradas
Hay una famosa película de Frank Capra del año 1946: ¡Qué bello es vivir! donde James Steward hace el papel de un buen hombre al que los negocios han arruinado. Decide suicidarse, pero un ángel que quiere ganarse las alas -interpretado por Henry Travers- intentará ayudarlo. James Stewart -o mejor, el honrado Georgey Bayle que el actor encarna- se arrepiente de haber nacido, y el ángel le muestra lo que sería el mundo sin él: muchas cosas habrían cambiado, y la vida, en algunos aspectos, sería muy deprimente. Hay una escena en la película en la que él quiere saber que habría sido de su mujer si él no hubiera nacido, y el ángel se niega a responderle: "Eso no puede ser... No puedo... No te gustará... No debo decírtelo." Ante su insistencia le explica, con cara compungida, el lugar donde trabaja aquella que era su mujer: corriendo va a buscarla y se encuentra con una soltera triste, con el pelo recogido por detrás, un gorro insulso en la cabeza, unas pequeñas gafas y un vestido gris, que está a punto de acabar su jornada laboral: sale de una biblioteca donde, evidentemente, trabaja de bibliotecaria.
Alrededor de todo esto, recuerdo ahora el artículo que hace algunos años Marisa Villora publicó en el boletín de l'ANABAD -anagrama de la Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas- titulado "Los bibliotecarios en la novela actual" donde se hacía eco de un hecho curioso: en las novelas de ciencia-ficción i en la novela negra era donde ella había observado que con más frecuencia aparecía la imagen del bibliotecario. En las primeras se trataba -no podía ser de otra manera- de bibliotecarios robot, pero en las segundas la presencia del gremio era de lo más tópica. Vemos a Raymond Chandler en La ventana siniestra: "esas vírgenes de rostro avinagrado sentadas detrás de los escritorios de las Bibliotecas Públicas"
Prácticamente todos los profesionales que aparecen en la literatura son del género femenino, y si son bibliotecarias, no es por vocación: quién sabe si lo son para no ser monjitas. Monserrat Roig en Ramona, adéu: "La tía Sixta dice que las mujeres se hacen bibliotecarias cuando ven que se quedan para vestir santos." Eso, o se trata de mujeres feas o con un defecto físico: Manuel de Pedrolo en Anònim II o de les dimensions permanents de la Triarquia: "¿Y las cojas? ¿Cuándo las harás venir?/ No las haré venir. ¿No podemos vivir todos juntos, aquí? Y si tienen una recaída sus madres no me lo perdonarían. Al fin y al cabo, ya están acostumbradas a ser cojas. Las tres se han de buscar ocupaciones que les convienen: bibliotecaria, modista y dibujante."
Al menos es de agradecer que Quim Monzó en su libro de cuentos El perquè de tot plegat, concretamente el que lleva por título "L'amor" comience con estas palabras: "La archivera es una mujer alta, guapa, con rasgos faciales grandes y vivos. Es inteligente, divertida, y tiene lo que se dice carácter". (Por cierto, en la adaptación para el cine hecha por Ventura Pons es bibliotecaria, pero no es tan guapa: el papel lo hace Rossy de Palma).
[Nota: la traducción es mía, con motivo de este texto, extraído del dietario catalán Com l'Angèlica de Ramon Guillem (escritor y bibliotecario valenciano).]
Dedicado a Catuxa
28/2/09
Confesión
Ahora, el tiempo (que ya ha dejado de hacerme ningún servicio) se va escurriendo. Pronto haré treinta y cuatro años. Quizá. Si lo permite este cuerpo mío que se hace trizas. pero no tengo ninguna esperanza de salvar la vida, ni puedo siquiera fiarme de tener mil y una noches. He de trabajar deprisa, más deprisa que Sheherazade, si al final quiero dar a entender -sí, dar a entender- alguna cosa. Lo reconozco: por encima de todo, me da miedo la absurdidad.
21/2/09
Mucho ruido y pocas nueces
Hace unos meses estuve en un curso de formación de profesores que trataba sobre la integración de la lectura y la escritura en la práctica docente. De entre las ideas interesantes que se comentaron en las charlas, sobre una llevo pensando ya tiempo; fue Gemma Lluch quien la lanzó y se me quedó clavada por lo evidente que parecía. Decía Gemma que los planes de fomento de la lectura normalmente eran un fracaso y así lo representan las estadísticas; unas estadísticas, por otra parte, infladas de lecturas que realmente no se producen.
Los planes de lectura sirven para dar importancia social a la lectura, innecesaria por evidente. Todos sabemos lo bien que queda en las reuniones hablar de libros, cualquiera se apresura a hacer ver al resto lo que le ha parecido tal o cual libro, incluso se interviene en la conversación para añadir aunque yo no lo he leído el vecino mío del quinto sé que lo está leyendo porque el otro día lo vi en el ascensor con él y parecía muy interesado por su lectura. ¿Estoy exagerando?
¿Quién no reconoce hoy los beneficios de la lectura? Nos hemos encargado siempre de proclamarlo, pero lo que yo nunca había oído en voz alta y con números en la mano es que esto no ha servido de mucho.
Otra curiosidad del curso fue comprobar una vez más lo poco que lee el profesorado (eso que allí casi todos éramos docentes relacionados con las áreas lingüísticas) y cuánto nos gusta echarle en cara a nuestros alumnos lo inteligentes que serían si lo hicieran (leer nos ayuda a entender el mundo hemos aprendido a decir todos). También había opiniones para todos los gustos: una de mis compañeras se cuestionaba la validez de proponer lecturas en la programación de la materia, porque ya estaba aburrida de tanta apatía por parte de los alumnos; tú trabajas para nada, comentaba desalentada.
Me estoy poniendo borde, lo siento. He de decir, verdaderamente, que en las propuestas sobre planes de lecturas en los centros que presentamos, destacaban las buenas ideas, hasta el punto que un señor que había sido maestro toda su vida pero que llevaba quince años sin ejercer comentó irónico: os estaba escuchando y pensaba, si esto fuera verdad, hubiera acabado el fracaso escolar hace tiempo.
Ahí queda eso…
19/2/09
Rareza o Excusa
Creo que encontré el motivo, una respuesta al porqué que tantos (bueno, algunas) nos hemos preguntado, ahí va: estoy viviendo un proceso de cambio lingüístico. Raro ¿no?... (He de averiguar si esto está estudiado, seguro que sí).
Mi vida desde hace cuatro años a esta parte ha cambiado sustancialmente en muchos sentidos: de bibliotecaria a docente y siempre opositora; de vivir en un pueblo a vivir en la ciudad; de la imposibilidad a la posibilidad constante; del castellano perpetuo a la progresiva incorporación del catalán en mi vida, de modo afectivo en lo personal y necesario en lo profesional; de mi especialidad en castellano a ir completándola en catalán, para que hoy por hoy, un 85% de mi producción lingüística sea en este idioma, así como el 75% de mis lecturas.
¿Qué ha producido esto en mí? Un bloqueo en la escritura, soy una esponja que absorbe y absorbe pero en un idioma que no es el materno, al final, no sé en cuál pienso o en cuál me apetece escribir. Es como perder capacidad y… uff! creo que este texto es una prueba de ello.
¿O es una excusa?
3/2/09
La Sombra de un Clásico

La increíble historia del hombre sin sombra es un corto animado nominado en
De nuevo un clásico literario se “cuela” en las salas de cine, en la televisión, en la prensa…
Y no sólo porque la historia de Chamisso es excepcional e imperecedera, sino que, como comenta el director del corto José Esteban Alenda, los valores (o falta de valores) que muestra la novela se pueden ver reflejados en nuestra sociedad.
Creo que es una buena ocasión para conocer o rescatar de la estantería uno de los clásicos más importantes de la literatura alemana.
NOTA: Este apunte me fue enviado el viernes 30 de enero y no ha podido ser publicado hasta hoy. Justamente es el cortometraje de animación galardonado con el premio Goya de este año. Desde luego es de alabar la intuición de la autora de esta nota a la hora de seleccionarlo como texto presentación en Alas y Balas. Ana nos ofrece además, el enlace donde podemos visionarlo.
Ana's Duet
(Redoble de tambores de fondo, a modo de las presentaciones circenses)
Voz en off
Señoras y señores, tengo el gusto de presentarles a una mujer encantadora, íntima de la desaparecida directora de este local, currículum brillante, experta en cursillos de todo tipo, filóloga, bibliotecaria, documentalista, webdosista, inquieta, simpática, guapa, inteligente… Y un largo y positivo etcétera.
La veremos de vez en cuando (todos los cuandos que ella quiera) por este discreto espectáculo que ella ayudará a hacer más grande. (En un susurro) A ver si así a la dueña se le ocurre aparecer.
¡Ella es… la incombustible Ana D.!
21/1/09
TOC TOC
28/8/08
Un pintalabios rojo
El Fringe Sunday es un día especial dentro de la programación del Festival de Edimburgo del que os hablaba en el apunte anterior. Es un día y un espacio, el gran parque “The Meadows”, donde muchos artistas ofrecen una parte del espectáculo que exhiben en los diferentes venue, que son los lugares de actuación: teatros, pubs, iglesias... Un día entero viendo muestras artísticas de todos los estilos.
Gracias a estos pequeños bocados descubrimos algunos de los espectáculos que finalmente visitamos y entre ellos, uno muy importante para mí, en el que supe, después de 33 años, qué quiero ser de mayor: Camille O'Sullivan. Ella hizo, con una fuerza tremenda en el escenario, las delicias de todos con canciones de Bowie, Tom Waits, Nick Cave o Radiohead, entre otros.
El primer paso para alcanzar este sueño ya lo tengo: un pintalabios rojo.
Aquí os dejo cinc cèntims de todo esto.
20/8/08
Edinburgh 09/08/2008
La previsión de un día más que lluvioso nos encaminó hacia la feria del libro, una de las más importantes de Europa según la UNESCO, y que en esta ciudad, Edimburgo, hacen coincidir con uno de los Festivales de Teatro más importantes del mundo, excusa principal de nuestro viaje, estoy hablando del Fringe, “al margen”. Es un privilegio estar allí, así lo siento.
La concepción de Feria del Libro que llevamos interiorizada, igual que el lado de la calle al que debes mirar para cruzarla, cambia. Personalmente, y a pesar de los viajes, soy bastante ingenua todavía cuando tiendo a pensar que lo que veo y vivo como cotidiano es bastante similar a lo que se ve y se vive fuera de mi “normalidad” del primer mundo. Esto ha pasado con esta muestra, no, mejor dicho, Festival del Libro.
Estamos en un pequeño parque, Charlotte Garden, dentro de una carpa, la única donde se muestran libros de todas las materias, pero una representación mínima en general y basada en las publicaciones escocesas. Sentada tranquilamente y tomando un té, al lado de otras personas tomando té y comiendo pasteles mientras leen, charlan silenciosamente, escriben... De vez en cuando, me llega el susurro ininteligible de sus conversaciones y el temblor del suelo provional cuando alguien pasa por nuestro lado. La “librería” vecina está dedicada únicamente a la literatura infantil y juvenil. Y ya está, no hay nada más, ¿entonces? Esta mañana una gran cola para escuchar a un autor o autora, esta tarde una gran fila de padres con sus hijos salen de una de las numerosas actividades programadas para los niños, todos los días a las diez de la máñana diez minutos de lectura (Ten at ten lo llaman), por la noche música en directo...
En este festival, como ya nos contaba hace poco Jaume Cabré en el Avui a propósito de las literaturhaus alemanas, la gente paga por escuchar a los escritores hablar sobre su obra. Es el primer día y las pantallas de información de la entrada ya avisan de que para muchas presentaciones ya no quedan entradas. Un hecho impensable si lo trasladamos a nuestra “normalidad”, a menudo ortopédica y puede que obsoleta. Claro que desconozco si en algún lugar de nuestra orgullosa península se invierte lo que en Edimgurgo, únicamente en el mes de Agosto, en cultura. No sólo este Book Festival, o el Fringe (tal es la cantidad de actuaciones programadas que para verlas todas sin parar comenzarías el primer día del festival y acabarías en noviembre, eso sin contar las no programadas de los artistas espontáneos), también exposiciones, música, cine...
No es una inversión de vendedores de humo, especialidad artística de nuestras tierras a las que nos tienen acostumbrados, sino una inversión cultural que mueve un tipo de turismo determinado y que ya quisiéramos algunas que se imitara. Pero no, de momento, ya de vuelta en casa, tenemos que pensar como esquivaremos el atropello de la Fórmula 1.
Dime de que te alimentas y te diré quién eres, o en qué intentan convertirte.
17/5/08
Montando Sabela
Mirando por las estadísticas del blog me encontré con una entrada que provenía de Un abrazo de rebajas, en cuyos escasos enlaces y entre buena música, estaban mis alas bajo un aviso: “Consumir preferentemente”. Alguien tan interesado en esta pobre (y abandonada) libreta de notas se merecía una historia. Podría ser esta:
Sabela es gallega y portuguesa, las dos cosas se siente, y como a muchos gallegos fuera de su tierra le gusta ver llover los fines de semana cuando a los demás nos produce dolor de cabeza. Además aprendió a no hablar -¿cómo es posible eso?, quizás os preguntéis- simplemente no quiso hacerlo para no dar más motivos al mundo de volverse del revés. En su casa lo descubrieron mucho después, cuando gritó al parir a su primer hijo.
Una atraehistorias es Sabela, te las cuenta sin conciencia de cuentacuentos porque no lo son, no son sino su vida atrapada de personajes: de niñas mudas sentadas en una vieja plaza de Lugo, de ancianas gallegas perdidas y encontradas gracias a su ayuda, de amigos-historia. Su técnica para meterte en ellas es empezar diciendo: “Me encantaría que conocieras a …” o “Si hubieras conocido a … te hubiera encantado”. También tiene cuentos de amores inciertos y desánimos cansinos que le agrian el carácter y la dejan sumida en una gran pasividad.
Sabela es hija y madre, y mujer que espera. Y siempre espera a encontrarse contigo, para decirte SÍ y regalarte algo: desde una botella de colonia a una rueda de masaje; o un libro y un recuerdo; o quien sabe, un gel de aloe para que se te quede una piel estupenda. Eso sí, su primer regalo es mirarte directa a los ojos y preguntarte: ¿Estás bien cariño?
Claro que la historia de Sabela, bien podría ser otra.