Mirando por las estadísticas del blog me encontré con una entrada que provenía de Un abrazo de rebajas, en cuyos escasos enlaces y entre buena música, estaban mis alas bajo un aviso: “Consumir preferentemente”. Alguien tan interesado en esta pobre (y abandonada) libreta de notas se merecía una historia. Podría ser esta:
Sabela es gallega y portuguesa, las dos cosas se siente, y como a muchos gallegos fuera de su tierra le gusta ver llover los fines de semana cuando a los demás nos produce dolor de cabeza. Además aprendió a no hablar -¿cómo es posible eso?, quizás os preguntéis- simplemente no quiso hacerlo para no dar más motivos al mundo de volverse del revés. En su casa lo descubrieron mucho después, cuando gritó al parir a su primer hijo.
Una atraehistorias es Sabela, te las cuenta sin conciencia de cuentacuentos porque no lo son, no son sino su vida atrapada de personajes: de niñas mudas sentadas en una vieja plaza de Lugo, de ancianas gallegas perdidas y encontradas gracias a su ayuda, de amigos-historia. Su técnica para meterte en ellas es empezar diciendo: “Me encantaría que conocieras a …” o “Si hubieras conocido a … te hubiera encantado”. También tiene cuentos de amores inciertos y desánimos cansinos que le agrian el carácter y la dejan sumida en una gran pasividad.
Sabela es hija y madre, y mujer que espera. Y siempre espera a encontrarse contigo, para decirte SÍ y regalarte algo: desde una botella de colonia a una rueda de masaje; o un libro y un recuerdo; o quien sabe, un gel de aloe para que se te quede una piel estupenda. Eso sí, su primer regalo es mirarte directa a los ojos y preguntarte: ¿Estás bien cariño?
Claro que la historia de Sabela, bien podría ser otra.
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